Sólo un ciego no vería la crisis mediática que enfrenta el gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros.

 

 

Pero culpar y responsabilizar a la mandataria de la tragedia provocada por el incendio en el municipio de Atltzayanca me parece un exceso y hasta un despropósito.

 

Señalar que la mandataria tlaxcalteca al no presentarse al lugar de la conflagración provocó que las llamas se extendieran y que por eso se perdieron cientos de hectáreas y se dañó a la fauna de la zona suena descabellado.

 

Porque quién puede asegurar que si la gobernadora Cuéllar hubiera estado el día que comenzó el incendio ese mismo día hubiera quedado controlado, pues si así fuera entonces la morenista tendría que dejar sus otras responsabilidades y dedicarse exclusivamente a estar presente en cada uno de los 800 siniestros reportados durante lo que va del presente mes para que éstos fueran apagados.

 

Con lo anterior no estoy queriendo justificar las fallas y errores que la administración estatal tuvo a la hora de manejar y enfrentar ese siniestro natural, toda vez que es obvio que algunos soberbios y desatentos funcionarios lorenistas se mostraron, una vez más, descuidados y hasta omisos por no dar la atención oportuna a ese problema, pero sobre todo por no informar puntualmente lo que se estaba haciendo.

 

La lista puede ser extensa o corta, según el punto de vista de cada quien o dependiendo de a quién se le pregunte.

 

El que encabezaría la lista ya sea la larga o la corta, sin duda es el actual secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández, quien ante los ojos de analistas, periodistas, políticos, alcaldes y funcionarios está fallando al no atender los problemas, al dar información parcial o sesgada y al responsabilizar de sus errores a otros colaboradores o a ciertos medios de comunicación que, según el morelense, están enfocados en desacreditar a él y a otros servidores con filtraciones internas.

 

Las fallas son visibles. Cualquiera las percibe. La ausencia del trabajo de inteligencia por parte de la Dirección de Gobernación y de la Secretaría de Gobierno es notable, toda vez los reclamos de vecinos de Atltzayanca registrados la semana pasada se pudieron evitar sí a la mandataria se le hubiera alertado de la inconformidad social que prevalecía en ese momento.

 

Hay malestar y hartazgo de los tlaxcaltecas hacia el gobierno estatal. La inseguridad sin duda es un factor que ha contribuido a esa situación, al igual que ciertas decisiones relacionadas con la compra de camionetas blindadas, escándalos de excesos de uno que otro funcionario lorenista y las acusaciones de corrupción.

 

Sin embargo, Lorena Cuéllar no ha claudicado ni ha aceptado una derrota anticipada. Sabe que su administración ha hecho obras importantes y que ha tenido avances importantes. Lo más importante es que siempre ha dado la cara y aunque no se diga, es una gobernadora que nunca deja de trabajar y que jamás descuida su labor porque el compromiso con los tlaxcaltecas y su bienestar es real y auténtico.

 

Obviamente la mandataria está pagando el costo de cargar sobre sus hombros al gabinete legal y ampliado, pues los tlaxcaltecas le está cobrando la factura de una manera injusta al someterla a un severo escrutinio mediático, pero no por eso emprenderá una cacería de brujas al interior de su gobierno para encontrar culpables de la actual crisis.

 

Seguramente habrá cambios y ajustes. Serán quirúrgicos y otros serán tiros de precisión. Quizá en la reunión que hoy sostenga por la tarde noche con sus funcionarios se harán los últimos llamados para que su equipo entregue resultados y se ponga a trabajar, porque empezará el cierre de la actual administración y ya no se permitirán más errores que dañen la imagen de Lorena Cuéllar.

 

La popularidad de la gobernadora se ha venido cayendo y le urge tomar decisiones para recomponer las cosas.

 

Hace unos meses la mandataria tlaxcalteca contaba con más de 170 mil seguidores en la red social de Facebook y en la actualidad sólo conserva 101 mil, lo cual deja entrever que algo se hizo mal y que es necesario relanzar su administración.

 

En fin, veremos que sucede.

 

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