Así, como ocurre en los pleitos de comadres, los sombrerazos de Gregorio Cervantes y de Jesús Luévano, descubrieron hilos conductores que podrían llevarnos a otros niveles de información sobre el penoso asunto de los secuestros.

Al margen de la delicada disputa por la Universidad Metropolitana de Monterrey campus Apizaco –que derivó en un pleito de orden civil – entre los empresarios Gregorio Cervantes Serrano y Jesús Luévano Escalona –actual secretario de Desarrollo Económico (Sedeco) – deben esclarecerse señalamientos muy concretos, producto del lógico odio entre ambos socios de dicho plantel de educación superior.
1.- Los dos sicarios que en marzo anterior levantaron a Luévano Escalona cuando este salía de su domicilio en la capital de Tlaxcala fueron capturados por agentes ministeriales, quienes montarían un complejo operativo gracias a que con antelación se enteraron de cada detalle en torno al plagio con intenciones de desaparición, según nos lo confiaron fuentes de fiar.
2.- Tal logro de inteligencia corresponde al aparato con el que cuenta el gobernador Héctor Ortiz –quien se libraría de un atentado la semana anterior en la Ciudad de México. Y sería precisamente el mandatario quien alertó a Luévano. Entonces, con información vital, fue posible usar al propio Jesús como carnada, aunque segundos después intervino personal de élite de la Procuraduría General de Justicia (PGJET), detuvo a los sicarios y obtuvo de ellos la confesión respecto a la autoría intelectual del frustrado plagio, misma que recayó en el empresario Gregorio Cervantes Serrano.
3.- Pero el rector de la UMM asegura que a los sicarios presuntamente pagados por él, la confesión que revela su responsabilidad les fue arrancada mediante tortura.
Tortura es una palabra clave en este escándalo. Si fue mediante ella como se arrancó la confesión a los sujetos que hoy se encuentran encarcelados, el procurador, Pedro Flores Vázquez, lo tiene que aclarar, porque decenas de familias, víctimas de secuestros en el pasado, se sobresaltaron al conocer la forma como Jesús Luévano, fue levantado, pues coincide con episodios muy parecidos, que hace años cambiaron dramáticamente su vida.
Un pleito entre compadres sacó detalles a flote, de lo que puede ser el hilo conductor hacia el esclarecimiento (extemporáneo desde luego) de dolorosos casos de plagios, varios de los cuales culminaron con la muerte de las víctimas.
La administración Ortiz tiene la obligación de aclarar e informar a los tlaxcaltecas todo lo acontecido en este frustrado secuestro, pues en la misma forma como Luévano fue avisado de lo que sería su infortunado destino, todos, sobre todo las familias ricas –debido a que son claro objetivo de secuestradores – tienen el derecho de ser advertidos, a tiempo, y así puedan poner a salvo su integridad.