La política, como el ajedrez, es un juego de estrategia.

 

 

Ambas actividades representan un deporte mental que estimula la concentración y la agilidad mental.

 

La partida de ajedrez por la sucesión y por el control de Morena en Tlaxcala se empezó a jugar desde hace mucho tiempo atrás. La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros movió sin reservas a su alfil convertido en delfín Alfonso Sánchez García, quien como alcalde capitalino fue creciendo y avanzando, para lo cual se fueron quitando algunas piezas incómodas, en donde su madrina y su esposa Marcela González Castillo, que en su calidad de reina desempeñó un papel clave e importante.

 

En ese juego de estrategia, la esposa de Sánchez García, la aún dirigente estatal de Morena, Marcela González, fue apuntalada con poder, dinero público y un amplio margen de maniobra. No sólo manejaba las estructuras del partido guinda en Tlaxcala, sino que ejercía un dominio total en el Congreso del Estado y con la mayoría de los presidentes municipales, sin descuidar su influencia entre los miembros del gabinete legal y ampliado.

 

Y cuando menciono que manejaba las estructuras de Morena, es porque su desmedida ambición la llevó a padecer una ceguera de poder que no le permitió ver las señales que establecían los tiempos para dejar el cargo y seguir trabajando desde otra posición el proyecto de su esposo.

 

Tan es así, que el pasado sábado durante los registros de los tlaxcaltecas que aspiran a la coordinación estatal de defensa de la cuarta transformación, Marcela González no apareció y su lugar tuvo que ser ocupado por sus dos hijos y su hermana, una de las proveedoras consentidas del ayuntamiento capitalino en el rubro de alimentos, quienes acompañaron a un delfín que lució tímido, abrumado, desorientada e inseguro.

 

A nivel nacional, es decir, desde la oficina principal de Palacio Nacional y de la dirigencia de Morena nunca se dejaron de observar los movimientos en Tlaxcala, mismos que representan señales de un control absoluto, de exclusión, de ambición y de una clara obsesión por imponer sucesor.

 

Por tal razón, los jefes políticos a nivel nacional esperaron los tiempos y el momento adecuado para empezar a mover sus piezas. La primera jugada fue en retomar el control de la estructura del gobierno federal que tiene a través de los siervos de la nación y de todo el personal de campo y de oficinas que están asentadas en Tlaxcala, a quienes se les advirtió que debían mostrarse institucionales y evitar las muestras de apoyo o respaldo a Alfonso Sánchez o hacia otro aspirante.

 

El segundo movimiento, consistió en congelar a Marcela González, pues aunque presentó el pasado 17 de junio su renuncia a la presidencia del Comité Ejecutivo Estatal de Morena, su salida no ha sido autorizada hasta la fecha, con lo cual prácticamente se encuentra inhabilitada para participar en actos públicos del partido y de su marido el delfín, porque sencillamente rompería el principio de equidad y pondría el riesgo la nominación de su marido.

 

Una tercera jugada implicó en quitarle en los hechos el dominio del partido que la gobernadora Lorena Cuéllar ejercía a través de Marcela González, pues desde la semana pasada Azalia Cortés García fue designada como enlace oficial del Comité Ejecutivo Estatal de Morena en Tlaxcala con el CEN que encabeza Ariadna Montiel Reyes, por lo que ahora ella es la responsable de llevar la conducción del proceso electoral 2026-2027.

 

Azalia Cortés forma parte de los lorenistas que han decidido romper con ese grupo ante los abusos y maltrato que sufrieron por parte de Marcela González y la mandataria tlaxcalteca.

 

En pocas palabras, de ahora en adelante ni Marcela González ni el representante del CEN de Morena en Tlaxcala, Armando Contreras Castillo, tendrán influencia en la designación de candidatos. La razón es simple, ambos están casados con el proyecto de Alfonso Sánchez.

 

En esta partida de ajedrez, el gobierno federal y el CEN de Morena se coordinaron hasta lograr un jaque mate, porque es obvio que su intención es generar un piso parejo en la entidad y evitar que en la carrera por la sucesión se sigan cargando los dados a favor del delfín Alfonso Sánchez, quien a partir de ahora todos sus acciones estarán bajo la lupa y cualquier apoyo ilegal o intromisión del gobierno estatal que se detecte será severamente sancionado.

 

Las bajas de lorenistas en los últimos meses han sido notables y lo malo es que casi todos han optado por sumarse al equipo de Ana Lilia Rivera Rivera, la otras aspirante morenista a la candidatura al gobierno de Tlaxcala.

 

Entre ellos se encuentra el ex secretario de Gobierno, Sergio González Hernández, el empresario restaurantero y hotelero, Juan Morales Pluma, que financió la campaña de Cuéllar en el 2021, los ex funcionarios estatales Jacqueline Meneses Rangel y Omar Cuatianquiz Ávila, ex director de Planeación Educativa de la USET, así como Eréndira Cova Brindis, hoy senadora que antes se desempeñó como secretaria de la Función Pública.

 

Quién diría que esto pasaría.

 

*************************************************************