Se equivocan los funcionarios encargados de la seguridad pública en Tlaxcala.

Y lo que es peor, es que mienten cuando presumen una coordinación inexistente y trabajos de inteligencia que sólo existen en su imaginación.
Si en cuatro años la actual administración estatal nunca ha podido, porque no ha querido o no ha podido, combatir a los criminales, difícilmente en lo que resta del gobierno se registrará una mejoría o un cambio y más cuando seguramente seguirá al frente de la ineficiente y desprestigiada Secretaría de Seguridad Ciudadana, el marino Alberto Martín Perea Marrufo.
La violencia y la inseguridad se han normalizado en la entidad más segura del país. Salvo los medios de comunicación que dan cuenta de esos problemas y uno que otro líder partidista o diputada local, el resto de los sectores de la sociedad parecen resignados a padecer ese flagelo que desapareció la paz y la tranquilidad de los tlaxcaltecas.
Lo que resulta indignante, es la postura y declaraciones de un insensible funcionario foráneo que desde su llegada a Tlaxcala hace dos años y casi un mes, nunca ha dado resultados, al contrario la ola delictiva se agravó y así lo revelan los datos de la percepción ciudadana sobre la inseguridad, pues hoy en día siete de cada diez tlaxcaltecas así lo siente y lo expresa.
Hace un año el 55 por ciento de los ciudadanos y las ciudadanas del estado se quejaban de la inseguridad y doce meses después alcanzamos la cifra arriba mencionada, lo que demuestra que el trabajo de Alberto Martín Perea es pésimo y nulo porque nadie lo reconoce ni mucho menos lo percibe.
Por tal razón, resultan una burla las declaraciones del secretario de Seguridad Ciudadana en el sentido de que llevan a cabo operativos coordinados con los estados de Veracruz y Puebla, con el objetivo de evitar que grupos delictivos utilicen a Tlaxcala como paso para sus actividades ilícitas.
Según el marino esas acciones han dado resultados positivos, destacando la detención de al menos una persona vinculada con conductas delictivas. “Estamos trabajando de manera coordinada con el C5i, mientras que en las fronteras con Tlaxcala se realiza inteligencia e investigación de forma permanente”, presume su comunicado de prensa.
Perea Marrufo piensa que declarando mentiras y distorsionando los hechos los tlaxcaltecas cambiarán su percepción, ya que al caso al que se refiere y que implicó la detención de un sujeto que portaba armas de fuego, equipo táctico de uso exclusivo del Ejército, así como un vehículo con reporte de robo vigente fue producto de la suerte, tal y como pasó cuando aprehendieron a los dos jóvenes implicados en la muerte del ex rector de la Universidad Tecnológica de Tlaxcala.
Esas detenciones se dieron porque los arcos del Registro Público Vehicular de Tlaxcala (Repuvet) emitieron una alerta al detectar vehículos con reporte de robo, lo que provocó los operativos para ubicar las unidades y detener a sus ocupantes.
Es mentira que haya sido por acciones planeadas o programadas por la supuesta coordinación de fuerzas federales, estatales y municipales o por labores de inteligencia.
La tecnología fue la que hizo la chamba y la que alertó, porque de no ser así seguramente los criminales antes mencionados hubieran escapado sin dejar ningún rastro, como lo han hecho muchos que cometen sus crímenes en Tlaxcala.
Prueba de lo anterior está en el comunicado que envió la Secretaría de Seguridad Ciudadana y que después borró, en donde se reconoce que se detuvo al conductor de la camioneta marca Chevrolet, tipo S10, con placas de circulación de la Ciudad de México, en donde se localizaron tres armas largas con un lanzagranadas, tres granadas, dos artefactos explosivos de fabricación artesanal, seis cargadores, 516 cartuchos útiles, 12 chalecos balísticos y equipo táctico gracias a la alerta que emitió un arco del Repuvet.
Si la dependencia es tan eficiente y eficaz, entonces por qué no ayudó en nada para detener a Juan Antonio Martínez Guerrero, ex director del penal de Tlaxcala, quien fue separado de su cargo luego de que un interno lo acusara de extorsión y amenazas, porque éste desapareció de las instalaciones de la SSC sin dejar rastro.
Resulta ocioso enumerar los crímenes que se han registrado y en donde sencillamente los policías estatales son simple espectadores porque no sirven para detener a la banda que está operando y asaltando a familias en sus domicilios y menos para llevar ante la justicia a los delincuentes que roban comercios, camiones de carga o que despojan de sus vehículos a tlaxcaltecas que tienen la mala fortuna de encontrarlos en su camino.
No se sabe hasta cuándo los tlaxcaltecas seguirán tolerando funcionarios foráneos tan ineficientes y torpes, pero lo que es un hecho es que existe hartazgo por tanta delincuencia.
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