La política en Tlaxcala parece ser una telenovela de corrupción y ambición desmedida, Josefina Rodríguez Zamora, titular de la Secretaría de Turismo federal, se erige una vez más como protagonista de un escándalo que huele, apesta, a uso indebido de recursos públicos y precampaña anticipada.

 

 

Bajo el pretexto burlón de promover el tradicional Día de Muertos en Tlaxcala, Puebla e Hidalgo, miles de ejemplares de la edición especial de un periódico de “Bolsillo«, impreso por una Organización Periodística, han inundado las calles y comercios del estado. El detalle que delata la farsa es la imagen de Rodríguez Zamora que ocupa la portada y páginas completas en las primeras secciones, relegando la información cultural relevante a un discreto segundo plano.

 

Parece ser que quieren tratar la inteligencia de los tlaxcaltecas, de la peor manera posible; dicen que en política no hay casualidades, menos aquí. Este nuevo pasquín, de origen opaco y financiamiento incierto, no es más que una jugada cínica para posicionar a la secretaria como “la delfina” de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros en las elecciones de 2027.

 

Rodríguez Zamora cree salir de una y entra a otra controversia. Está envuelta en las sombras éticas que empañan su cargo, como las acusaciones fundadas de haber mentido sobre su formación académica, inflando logros inexistentes para trepar en la burocracia morenista. Informes periodísticos y filtraciones han revelado cómo, ante el escrutinio público, se alteró y borró información oficial en el sitio web del Gobierno de México. Un acto de censura digital que no solo viola la transparencia que pregona el cambio, sino que confirma un patrón de manipulación sistemática.

 

Y bueno, este «periódico de bolsillo», gratuito, sí, pero seguramente pagado con fondos del erario, se suma a la lista de tropelías, convirtiendo una tradición ancestral en un pedestal personal.

 

 

Un pasquín disfrazado de periodismo cultural

 

Las fotografías del pasquín, muestran en su portada un collage festivo de calaveras, cempasúchil y rostros alegóricos, pero el foco central recae en Rodríguez Zamora. Vestida con un huipil bordado que grita «autenticidad tlaxcalteca», sí cómo no, posa sonriente en una entrevista que ocupa páginas enteras. Habla de «turismo comunitario» y «enfoque inclusivo» para Tlaxcala, Puebla e Hidalgo, pero no pasa de discursos retóricos sin sustancia. Las explicaciones sobre el Día de Muertos se confinan a las páginas finales, como un mero accesorio.

 

Fuentes al interior del propio gobierno estatal apuntan directamente a las oficinas de la Coordinación de Comunicación Social, a cargo de Antonio Martínez Velázquez, y a la Secretaría de Turismo estatal, dirigida por Fabricio Mena Rodríguez. Ni un peso oficial se menciona en los créditos; tiraje, responsable de la publicación, un misterio envuelto en opacidad. Por favor, no nos traten de tontos.

 

El pasquín en cuestión es la segunda fase de una estrategia que ya vimos en acción: la obligatoriedad impuesta a los presidentes municipales de Morena en Tlaxcala para distribuir uno similar con la imagen de Rodríguez Zamora. Bajo el «apoyo», léase: presión y condicionamiento de la gobernadora Cuéllar Cisneros, los alcaldes morenistas han sido convertidos en mulas de carga electoral, repartiendo propaganda velada que busca a toda costa posicionar a la secretaria como la heredera natural del poder en 2027.

 

Actos anticipados de campaña, uso de recursos públicos para fines partidistas, todo viola el Código Electoral de Tlaxcala y la legislación federal. Y el colmo del descaro: estos impresos se colocan en todas las oficinas públicas del gobierno y en comercios y plazas de las principales ciudades, “es gratis, llévelo, llévelo” para el lector, pero muy caros para la democracia.

 

Recursos públicos: El combustible de la ambición

 

De dónde salen los fondos para esta maquinaria de posicionamiento, nos preguntamos. La respuesta es tan obvia como indignante: del bolsillo de los tlaxcaltecas. Informes que circulan en los pasillos del Palacio de Gobierno señalan que el impulso viene de la cúspide misma: Lorena Cuéllar Cisneros, quien parece haber ungido a Rodríguez Zamora como su sucesora designada. En un estado donde la riqueza solo es de unos cuantos, destinar miles de pesos a impresiones que sirven de cartel electoral es un insulto. No se trata de promover el turismo que, irónicamente, sufre por la inseguridad y la falta de inversión real, sino de untar el nombre de la secretaria en cada rincón, allanando su camino político.

 

Por otro lado, también resulta decepcionante el que un medio de comunicación supuestamente independiente, se preste una y otra vez a este juego, comportándose como la agencia de noticias oficialistas o imprimiendo ediciones que parecen sacadas de un taller de propaganda Chavista, por decir lo menos. Seguramente nunca sabremos el costo de estos pasquines porque la falta de respuestas apesta a complicidad.

 

Esta desigualdad en la competencia política no es un secreto, es un escándalo a voces porque el morenismo oficial tlaxcalteca inunda el estado con papel periódico y sonrisas prefabricadas, solo en beneficio de sus elegidos. La autoridad electoral, es decir, el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones, debería actuar de inmediato. Mejor aún: el Instituto Nacional Electoral (INE) tendría que intervenir, auditando estos flujos de dinero y sancionando a los responsables. No podemos permitir que el erario se convierta en el fondo de campaña personal de una secretaria que ya ha demostrado su afición por la falsedad.

 

El patrón de la negación

 

Como es su costumbre, ahora, cuando los reflectores apunten nuevamente a estos hechos vergonzosos, Josefina Rodríguez responderá con la negación rotunda. «No autoricé nada», «es un malentendido», «todo es en beneficio del pueblo». Lo hemos visto antes: con sus mentiras académicas, con las alteraciones en el sitio gubernamental, con las presiones a los alcaldes. Un cinismo que raya en lo patológico, blindado por el poder estatal y el manto protector de la que quiere irse en dos años sin que le busquen nada en la bolsa. Pero el pueblo tlaxcalteca no es ni tonto ni mucho menos ingenuo. Sabe reconocer cuando una tradición sagrada como el Día de Muertos se usa como cortina de humo para una precampaña política ilegal.

 

Josefina Rodríguez Zamora no es una servidora pública común, hay que hurgar un poquito más en sus antecedentes familiares y en sus padrinos políticos nacionales, algunos de ellos ciertamente “impresentables”; es una candidata como una fiera, con piel de oveja, que miente, pisa cabezas y vacía bolsillos públicos y privados para llegar al trono. Tlaxcala, mientras tanto, inundado como las calles de la capital de baches y hoyos, de pasquines y sonrisas fingidas. Será este el «cambio» tan prometido por la 4T, el riesgo es que se transforme en un festín de calaveras vivientes o zombis, huyendo.

************************************************