Al final, la celebración de los 500 años de la fundación de la Ciudad de Tlaxcala se convirtió en un festejo aldeano, pero cumplió el objetivo de distraer y ser novedosa.

Sin embargo, hay que decir que no despertó el interés del gobierno federal, ni de embajadas, ni de gobernadores o gobernadoras, ni del turismo nacional o extranjero, aunque sí la conveniencia de un pueblo que está dispuesto a disfrutar los espectáculos gratuitos, pero mostrando cada vez su distancia con sus autoridades.
El pueblo pareciera que ya entendió el juego de las actuales administraciones gubernamentales estatal y municipal, es decir, simulan que me quieres y atienden, entonces simuló que te apoyo y que estoy contento con tu desempeño, cuando en los hechos no es así.
Durante la inauguración de los festejos, los cuales se llevaron a cabo oficialmente la noche del pasado viernes, los funcionarios y la burocracia consentida del lorenismo se agandallaron las primeras filas de los asientos, dejando atrás el pueblo que comprendió cómo juega el gobierno. En el presídium estuvo la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García, el representante de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, Joel Omar Vázquez Herrera, director general del INAH, como invitada Josefina Rodríguez Zamora, titular de la secretaría de Turismo federal y la engreída ex mandataria y priista Beatriz Paredes Rangel.
Los aplausos y gritos de entusiasmo plagados de zalamería pura salían de los lorenistas, mientras que los ciudadanos se mostraban callados, alejados, apagados, reservados, indiferentes y respetuosos, cambiando su actitud cuando salió a cantar en el lujoso escenario que se instaló para tan especial ocasión Jorge Domínguez y su Grupo Super Class que pusieron a bailar a los más de 10 mil asistentes que se congregaron en el zócalo capitalino.
En los eventos previos a la inauguración de la mentada celebración, se puedo observar que ningún presidente municipal de peso acudió, pues sólo se vio a Guadalupe Cuautle Torres, alcaldesa de San Andrés Cholula, Puebla y Augusto Nahum Álvarez, alcalde de Ixtaczoquitlán, Veracruz.
Se habla que estuvo Sonia Leticia Cruz Lozano, Embajadora Extraordinaria y Plenipotenciaria de la República de Honduras en México y el representante de la Oficina Política de la embajada de Cuba en México, Carlos de Céspedes Mesa, pero por ningún lado se vio al representante del gobierno de España en nuestro país, Juan Duarte Cuadrado, figura que era relevante por lo que representó la fundación de la Ciudad de Tlaxcala.
A los festejos millonarios sólo acudió la ex gobernadora de la entidad, Beatriz Paredes, porque al resto de los ex mandatarios tlaxcaltecas seguramente les pareció intrascendente el hecho. A los gobernadores de otras entidades vecinas y lejanas simplemente les pasó desapercibida la celebración de los 500 años de la fundación de la Ciudad de Tlaxcala porque nadie optó por pisar nuestro suelo.
Políticamente hablando, pareciera que Alfonso Sánchez, actual presidente municipal de Tlaxcala, no es visto como uno de los favoritos a quedarse con la candidatura de Morena al gobierno de la entidad rumbo al 2027, ni la empresaria restaurantera metida a secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez, porque ambos están muy lejos de tener presencia y ser consideradas como figuras en Morena, además de que ninguno cuenta con el carisma y el respaldo popular que llegó a tener Lorena Cuéllar y que en los últimos años ha venido perdiendo por su cuestionada administración.
Tampoco se vio a figuras del ámbito cultural, artístico o intelectual, evidenciando que la secretaria de Cultura, Karen Álvarez Villeda, carece de relaciones, contactos y que su alcance se limita a cierta burocracia del sector.
Del tal cuestionado circo instalado en la Plaza de Toros de la capital, sobra decir que los espectáculos han pasado desapercibidos y que resultó un fracaso porque no sólo se está tirando el dinero, sino que las críticas al gobierno estatal por no cuidar el patrimonio histórico han sido la constante.
En términos reales, el arranque de los festejos de la Fundación de la Ciudad de Tlaxcala cumplieron, sin embargo lo más seguro es que los tlaxcaltecas terminen cuestionando el millonario gasto del que hasta ahora no se ha rendido cuentas y urge para saber si está justificado o fue un exceso.
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