La división y pleitos entre los suspirantes lorenistas están representando oxígeno puro para el proyecto de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, quien sigue tejiendo fino para lograr los apoyos y conformar las alianzas necesarias para quedarse con la anhelada candidatura de Morena al gobierno de Tlaxcala.

 

 

El actual grupo en el poder enfrenta severos pleitos internos, desconfianza, traiciones y desbandada de miembros.

 

Negar lo obvio y lo evidente sería engañarse, sobre todo cuando las pugnas ya se hicieron públicas, como fue el despido como integrante del Comité Ejecutivo Estatal de Morena de Jacqueline Meneses Rangel hermana del secretario de Educación y aspirante a la nominación del partido guinda, Homero Meneses Hernández, sólo porque se dedicaba a promover el proyecto del aún funcionario estatal.

 

Tal medida que representa una vulgar venganza resulta incongruente, pues si bien Morena la cesó o como lo quiera usted llamar por apoyar las aspiraciones de su hermano, ese partido sí permite que la dirigente estatal, Marcela González Castillo, sea la coordinadora de las intenciones de su marido el alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García, de convertirse en el abanderado a la gubernatura de la entidad, lo cual es una brutal ilegalidad porque rompe el principio de imparcialidad.

 

Los aspirantes lorenistas y los miembros de ese grupo que detenta el poder están confundidos, desanimados e inquietos porque no hay liderazgo que les indique quién es el favorito o la favorita y muchos menos hay llamados a trabajar unidos para tratar de conservar la hegemonía y garantizar la continuidad.

 

Están equivocados si creen que la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros será la que impondrá a su sucesor o sucesora. Insisten en no ver a su verdadera adversaria que sin recurrir al alboroto sigue avanzando y sumando grupos y simpatizantes a su proyecto.

 

Aunque nadie le ha dado la relevancia e importancia que merece, Ana Lilia Rivera ya incorporó a la ex priista y ex perredista Blanca Águila Lima, quien hay que decirlo no sólo ya puso a su red a trabajar a favor de la senadora, sino que la también dirigente sindical es está resultando una valiosa operadora para atraer a enemigos políticos de Lorena Cuéllar, como el ex gobernador Mariano González Zarur y su hijo Mariano González Aguirre.

 

Ambos ya se reunieron con la senadora y han empezado a trabajar para consolidar sus aspiraciones rumbo a los comicios del 2027.

 

Los resentidos, los maltratados y los relegados por el lorenismo se han empezado a juntar. En la lista no sólo aparecen políticos, funcionarios federales, estatales y municipales, sino líderes sindicales, dirigentes transportistas, representantes de organizaciones campesinas y empresariales que tiene un objetivo en común, evitar que la actual mandataria deje gobernador o gobernadora en Tlaxcala.

 

Las actuales condiciones políticas están resultando más que favorables para la senadora Ana Lilia Rivera que avanza con paso firme sin encontrar hasta el momento un rival morenista que le genere una verdadera preocupación.

 

La legisladora federal ve como los lorenistas se pelean mientras a su puerta llegan más políticos y ciudadanos dispuestos a apuntalar su proyecto.

 

No cabe duda que los lorenistas están haciendo todo para entregar el poder.

 

Nuevamente gana espacio la inseguridad

 

Una de dos, o los lorenistas están convencidos de que los actuales índices delictivos son normales y no afectan la imagen del gobierno o de plano ya aceptaron que perdieron la batalla contra los delincuentes y han optado por callar y no defender lo indefendible.

 

Ayer, la diputada local Blanca Águila hizo fuertes señalamientos contra la endeble seguridad del estado y no hubo algún legislador morenista o de los aliados que subiera a tratar de defender o contrarrestar los cuestionamientos, con lo cual quedó demostrado una vez más que la mandataria Cuéllar está sola y que nadie sale a su defensa.

 

Las cifras y datos de las autoridades reflejarán una realidad, misma que nada tiene que ver con la percepción que tienen los ciudadanos y las ciudadanas sobre el grave problema de la inseguridad que prácticamente está desatada en el estado.

 

El silencio del secretario de Seguridad Ciudadana de Tlaxcala, Alberto Martín Perea Marrufo, preocupa porque pareciera que está perdida la guerra contra los criminales.

 

Quizá su negativa para dar la cara se deba en parte a que trascendió que él llegó a Tlaxcala gracias a la recomendación del vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna, detenido y vinculado a un proceso penal por huachicol fiscal.

 

Ese marino y su tío Rafael Ojeda Luján, ex secretario de la Marina durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, fueron los que propusieron a la gobernadora Lorena Cuéllar a Perea Marrufo para hacerse cargo de la Secretaría de Seguridad Ciudadana en Tlaxcala.

 

Interesante, no lo cree usted.

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