Pasan las horas y los días y nadie es capaz de explicar qué o quién falló en la operación de la elección del poder judicial en Tlaxcala.

 

 

La votación no fue la esperada y los únicos contentos fueron los aspirantes que obtuvieron el triunfo, algo que ya se sabía que iba a pasar porque la estructura lorenista y de Morena harían la movilización necesaria para imponer a ministros, magistrados y jueces a modo, simulando un proceso democrático mal logrado carente de toda legitimidad.

 

En Tlaxcala nadie quiere ser el responsable del fracaso de la operación y menos quieren aceptar que gran parte de los votos nulos vienen de ciudadanos, empleados del gobierno y de lorenistas molestos con sus jefes y líderes, a quienes les debe quedar claro que la maquinaria electoral de Morena y de la administración estatal está desajustada y sin un conductor eficiente y serio.

 

En los comicios extraordinarios del pasado domingo se contabilizaron 131 mil 421 votos, de los cuales 45 mil 716 fueron anulados, dejando sólo como sufragios efectivos la cantidad de 85 mil 705 votos.

 

La última cantidad es la que se logró hace unos años (en abril de 2022) en uno de los tres distritos electorales federales de Tlaxcala cuando se llevó a cabo el ejercicio de revocación de mandato del entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (se contabilizaron más 224 mil sufragios), dejando entrever que ahí sí funcionó la movilización y se cumplió con la meta impuestas a nivel federal.

 

El objetivo para la elección del Poder Judicial en la entidad era alcanzar una participación de 400 mil tlaxcaltecas y colocar a Tlaxcala como uno de los estados del país con mayor contribución de votos, sin embargo los datos refieren que no se cumplió con la meta y que los operadores fallaron rotundamente.

 

De acuerdo con testimonios de presidentes municipales y diputados locales, así como a las versiones que corrieron al interior del círculo cercano a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, la encargada de la movilización fue Marcela González Castillo, dirigente estatal de Morena, quien desplazó de esa responsabilidad al soberbio secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández.

 

Lo que salva a Marcela González por decirlo de algún modo, es que los aspirantes a ministros, magistrados y jueces que fueron bendecidos por el dedo de la mandataria ganaron y se cumplió con el objetivo de mantener el control del Tribunal Superior de Justicia del Estado, del Tribunal de Justicia Administrativa, del Tribunal de Conciliación y Arbitraje y del Tribunal de Disciplina Judicial, así como de una veintena de jueces y juezas de diferentes juzgados de la entidad.

 

Los nombres de los ganadores no sorprenden, pues éstos se dieron a conocer varios días antes de la jornada electoral y los resultados sólo han confirmado que los acordeones distribuidos tenían la información real de quienes serían los elegidos, por lo que ya no vale la pena volver a mencionarlos.

 

No faltan los sesudos análisis que buscan ex culpar a Marcela González achacando el fracaso al morelense Luis Antonio Ramírez y a la senadora morenista Ana Lilia Rivera Rivera, aspirante a la candidatura del partido guinda a la gubernatura de Tlaxcala, lo cual es absurdo porque sí hubo una responsable de la operación y eso sencillamente no se puede ocultar o negar.

 

A través de un mensaje de WhatsApp que la gobernadora Cuéllar envió a los funcionarios del gabinete legal y ampliado, ésta dejó en claro que sabe quién operó y trabajó en la movilización del pasado domingo, pero también tiene presente quiénes simularon al no llevar a las urnas a los votantes que se les pidió, por lo que no sería extraño ver algunos cambios o ajustes en la administración estatal.

 

Una vez que concluya el cómputo y se tengan los datos oficiales, se estará en condiciones de llevar a cabo un análisis de las votaciones, porque obviamente hay datos que resultan difíciles de creer. Resulta que hay casos increíbles, como el que una desconocida como Martha Zenteno Ramírez haya rebasado los 40 mil votos cuando nadie la vio haciendo campaña o una actividad para lograr tal respaldo ciudadano.

 

En fin los datos y resultados de la jornada electoral dejan entrever que al interior del lorenismo hay rivalidad, desobediencia y pugnas que no se pueden negar, lo cual resulta muy negativo para ese grupo político que en teoría debería estar unido para enfrentar con fuerza la próxima sucesión en el gobierno de Tlaxcala.

 

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