Por más intentos que la dirigencia nacional de Morena ha hecho para detener o tratar de controlar las disputas por las dieciséis candidaturas a igual número de gubernaturas que serán renovadas en las elecciones del 2027, en los hechos los aspirantes mantienen un abierto proselitismo que hace suponer que habrá una lucha encarnizada y que hasta ahora no se perciben claros favoritos.

 

 

Lo interesante del caso, es que al menos en el caso de Tlaxcala se habla de dos perfiles como los avanzados para competir por la nominación. En primer lugar se menciona a la senadora Ana Lilia Rivera Rivera y como segunda opción al alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García.

 

La primera representa los intereses del grupo conformado por el también senador José Antonio Álvarez Lima, principal rival de la actual gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, quien ha inclinado la estructura, los recursos y su apoyo a Alfonso Sánchez, hijo del ex mandatario Alfonso Sánchez Anaya.

 

Ana Lilia y Alfonso pueden sentirse felices porque de acuerdo con una nota publicada hace unos días en el periódico Excélsior, se les maneja como la dupla que disputará la candidatura de Morena al gobierno de la entidad.

 

A la primera la ubican como la aspirante que encabeza las encuestas y la que realiza eventos públicos todas las semanas, mientras que al segundo sólo se le reconoce ser edil de la capital y el hijo de Sánchez Anaya.

 

Lo anterior puede considerarse positiva en términos de percepción, sin embargo la información manejada resulta parcial y hasta engañosa porque hay más aspirantes morenistas y porque los números que arrojan los estudios de opinión para medir la intención del voto y el posicionamiento se han venido moviendo y aún faltan varios meses para definir al candidato oficial.

 

La disputa por la sucesión será larga en Tlaxcala y aunque quizá aún no aparece el caballo negro o el tapado, por el momento puede ser un error hablar de favoritos porque tarde o temprano saldrán más nombres y las circunstancias cambiarán.

 

Alcalde abusivo

 

El intempestivo despido del director de Seguridad Pública del municipio de Apetatitlán, José Francisco Macías Hernández, podría sacar a la luz pública varias transas que se estarían cometiendo al interior de ese ayuntamiento mal gobernado por el sobrado Azaín Ávalos Marbán, muchas de las cuales ya se encuentran documentadas por el Órgano de Fiscalización Superior.

 

Casi once meses duró el contubernio y complicidad entre Macías y Azaín, sin embargo el reparto de las ganancias que dejaría la Dirección de Seguridad Pública Municipal los habría llevado al distanciamiento y al pleito que hoy enfrentan.

 

El cese incluso provocó un paro de policías durante el día de ayer, quienes se inconformaron por tal decisión y por el nulo apoyo y respaldo del nefasto edil del PAC, quien suele recurrir a su gatillero Arturo Netzahuatl, alias “El pestañas”, para aplacar a los uniformados.

 

Los abusos contra los uniformados municipales han venido en aumento a tal grado que se les obliga a pagar los percances viales que llegan a tener en las patrullas, lo cual no sólo resulta grave, sino que los jefes se aprovechan de esos accidentes para inflar el costo de las reparaciones como recientemente sucedió que una compostura que se cotizó y pagó en 30 mil pesos, pero que al policía involucrado le cobraron la cantidad de 43 mil pesos.

 

Lo anterior ya tiene hartos a los policías municipales que no descartan llevar a cabo acciones de protesta ante los abusos que constantemente enfrentan en el ayuntamiento de Apetatitlán.

 

¿Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo?

Racatapun chin chin y el gallo sube

Echa su polvorete

Racatapun chin chin y él se sacude

 

La letra de la canción viene a cuento porque resulta que el poderoso secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández, tuvo el poder de movilizar al Ejército para que en su oficina que temporalmente se ubica en contra esquina de la Iglesia de San José, es decir, donde se encuentran la Subsecretaría Técnica y la Dirección de Gobernación, se pusiera una barricada de costales de arena para evitar que nuevamente se inunden tal y como pasó el pasado martes que hasta las ratas salieron del drenaje para escapar del agua.

 

Ojalá el morelense se preocupará de la misma forma por los tlaxcaltecas que han resultados afectados en sus viviendas y negocios y ordenara que en otras zonas de la capital y de riesgo se implementara la misma medida, pero me queda claro que eso no pasará porque lo importante es que los funcionarios foráneos queden protegidos y que al pueblo y al ciudadanos común se las arregle como pueda.

 

 

Triste pero real.


 

 

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