A quién se le podrá pedir o exigir explicaciones sobre lo qué está pasando en Tlaxcala.

 

 

De acuerdo con la información disponible, en enero se registraron tres secuestros en la entidad, en marzo otros dos (Uno en Amaxac y uno más en la capital de Tlaxcala) y ahora en mayo se reporta una nueva presunta privación ilegal de la libertad en el inseguro municipio de Apetatitlán.

 

El caso de ayer no se tiene preciso ni confirmado que se haya tratado de un operativo para rescatar a una persona secuestrada en Apetatitlán, porque de acuerdo con fuentes de la Fiscalía General de Justicia de Tlaxcala la acción emprendida en la comunidad de San Matías Tepetomatitlán se originó porque se detectó a un grupo de personas dedicadas al delito de extorsión.

 

Elementos de la Fiscalía, de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Guardia Nacional lograron la detención de algunas personas y se dice que en la acción se aseguraron dos inmuebles y una camioneta, pero hasta anoche se desconocía si se rescató o no a una víctima que estuviera privada de su libertad.

 

Lo que es un hecho es que la ola delictiva sigue imparable ante la complacencia del inexistente secretario de Seguridad Ciudadana de Tlaxcala, Alberto Perea Marrufo, quien no da la cara y se niega a informar a los tlaxcaltecas los motivos por los cuales empezaron a existir y a operar impunemente en el estado bandas de secuestradores o de extorsionadores.

 

Los diputados y las diputadas locales hicieron muy mal en solapar y proteger a ese nefasto funcionario que a pesar de ser llamado a comparecer ante el Congreso del Estado ha evitado ese ejercicio democrático por la complicidad de los morenistas y sus aliados.

 

Al menos la Fiscalía General de Justicia de Tlaxcala en manos de Ernestina Carro Roldán ha dado resultados en esos delitos de alto impacto, ya que se ha aplicado para detener y desactivar esas bandas de secuestradores y extorsionadores, porque de no ser así seguramente la entidad estaría sometida en el terror, la incertidumbre y la zozobra.

 

Si hay resultados en el combate a los delincuentes entonces por qué no informarlos y destacarlos. La decisión de ocultar los datos y los resultados que se vienen logrando resulta negativa porque al final sigue prevaleciendo la mala percepción sobre el tema de la seguridad.

 

Las autoridades estatales se niegan a informar y los diputados locales impiden el ejercicio de las comparecencias. Una combinación que al final resulta negativa para la imagen de la actual administración que pareciera que protege y oculta algo.

 

El secretario de Seguridad Ciudadana de Tlaxcala, Alberto Perea, tiene que dar muchas explicaciones y aclaraciones. Desde su llegada se dispararon los secuestros y se incrementaron notablemente los delitos de alto impacto como los homicidios dolosos, las extorsiones agravadas y los atracos violentos en casas habitación y negocios.

 

Casualidad, no lo sé, pero los datos no mienten.

 

Simplemente habría que preguntar a los habitantes de Calpulalpan si sabían de otro hecho similar al ocurrido ayer en la madrugada en la colonia Volcanes, cuando un sujeto ingresó a un domicilio y al ser descubierto asesinó con alevosía y ventaja al propietario para después dejar gravemente herida a una mujer.

 

Como casi siempre sucede, el criminal logró escapar dejando una estela de miedo e impunidad.

 

No se necesita ser genio para deducir que esa noticia trascendió y fue ampliamente conocida no sólo en Calpulalpan, sino en toda la entidad.

 

Esa noticia más la detención de los presuntos extorsionadores y secuestradores, sencillamente borra el discurso oficial de que Tlaxcala es uno de los estados más seguros del país.

 

Lamentable, pero cierto.

 

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