Cambiar un método que funciona bien puede parecer innecesario. Es el mensaje que en los últimos días ha dado Morena, partido que se niega o se resiste a dar credibilidad a su proceso interno para elegir al candidato o la candidata a la gubernatura de Tlaxcala.

 

 

Hoy, vemos la misma película del 2021, pero con algunos cambios en los actores protagonistas, porque en esencia se están ajustando al guión original de la historia.

 

En la sucesión de aquel año, la actual gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros siempre encabezó las preferencias en Morena para obtener la nominación oficial del partido, sin embargo para darle mayor emoción y credibilidad no sólo se alentó la participación de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, sino que se financió descaradamente la irrupción en el proceso de la empresaria de Huamantla, Dulce Silva Hernández que, según las encuestas de aquellos tiempos, crecía y crecía sin tener un trabajo previo o un arraigo político en la entidad.

 

Entre los varones interesados en la candidatura, se mencionaba al dirigente estatal de Morena en Tlaxcala, Joel Molina Ramírez, quien contaba con el respaldo de Gonzalo López Beltrán, hijo del entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, mismo que operaba las órdenes políticas y electorales de su papá.

 

Ana Lilia Rivera y Joel Molina representaban los intereses del senador y ex gobernador de Tlaxcala, José Antonio Álvarez Lima, quien desde esa ocasión ya movía los hilos de sus relaciones para obstaculizar la designación de Lorena Cuéllar como candidata, algo que no consiguió porque al final la ex priista se quedó con la nominación oficial del partido guinda que terminó palomeando López Obrador.

 

Sin embargo, Morena optó por entregar premios de consolación que resultaron muy fructíferos. Ana Lilia Rivera y José Antonio Álvarez que se disciplinaron y acataron el nombramiento de Cuéllar sin provocar rupturas o divisiones fueron bendecidos con la reelección en el 2024.

 

Dulce Silva curiosamente en los comicios intermedios del 2021 fue incluida en la lista de diputados plurinominales federales de Morena, logrando su llegada a la Cámara Baja del Congreso de la Unión.

 

A Joel Molina ya no le tocó ser premiado, porque fue una de las víctimas que dejó el Covid-19 a finales de octubre del 2020.

 

En la sucesión actual, el papel que en el 2021 desempeñó Lorena Cuéllar lo tiene asignado la senadora Ana Lilia Rivera que enfrenta al delfín de la gobernadora, el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García, quien se ubica en el segundo lugar de las encuestas sobre preferencias en Tlaxcala.

 

Y cómo al proceso interno morenista de Tlaxcala le hacía falta más presencia de mujeres, porque la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora, se bajó al no ver ninguna posibilidad, ahora se volvió a recurrir nuevamente a la oriunda de Huamantla, Dulce Silva, quien otra vez abrió la cartera y empezó a pintar bardas promocionales para alzar la mano.

 

Otros aspirantes como el diputado federal Raymundo Vázquez Conchas, el secretario de Finanzas del Estado de México, Óscar Flores Jiménez y el ex funcionario lorenista, Carlos Augusto Pérez Hernández, también se mueven y tienen presencia mediática, sin embargo sus números aún no son determinantes para disputar la candidatura morenista.

 

Lo interesante es ver cómo se están moviendo los aspirantes y qué acuerdos están logrando en lo oscurito para salir beneficiados con las negociaciones que se tendrán que establecer en las siguientes semanas.

 

Por ejemplo, Dulce Silva está lejos y distanciada del lorenismo. Lo que llama la atención es que sus bardas están apareciendo donde antes estaban las de Ana Lilia Rivera. Coincidencia, no lo creo. Ambas políticas tienen una nula o distante relación con la gobernadora Cuéllar Cisneros.

 

Raymundo Vázquez se ha convertido en la “conciencia” de Morena, porque no sólo ha señalado los excesos e ilegalidades que hay en el proceso interno del partido en la entidad, sino que no deja de lanzar dardos envenenados contra la administración de Lorena Cuéllar, sumiendo el desgaste él y no la Ana Lilia Rivera.

 

Carlos Augusto Pérez quiere aparecer como el estudiante obediente y bien portado del grupo. Pretende mostrar humildad y venderse como el aspirante pobre que visita al pueblo, con la esperanza que su principal impulsor, el ex diputado federal y hoy director general del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), el oaxaqueño Armando Contreras Castillo, logre una buena negociación para su causa.

 

Por lo que respecta a Óscar Flores que busca venderse como el “Obradorista” puro que casi casi lo envió el ex presidente de México para ser el sucesor de la mandataria Cuéllar, éste carece de grupo y operadores. Su discurso de ser el caballo negro en la sucesión no convence, ya que quiere ser aspirante de fines de semana, es decir, tiene miedo a renunciar a su cargo y mostrar determinación y tamaños en Tlaxcala.

 

Y lo que es peor, es que cada vez crecen las sospechas que su aparición en la sucesión es alentada y patrocinada por la actual administración estatal, una idea que es mal vista por los morenistas tlaxcaltecas que al parecer quieren a un candidato que sea totalmente ajeno a la influencia de la gobernadora Cuéllar.

 

La película de la sucesión es la misma, o no lo cree usted.

 

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