Los ex gobernadores de Tlaxcala, sin ser morenistas la mayoría de ellos, también están jugando la sucesión.

 

 

Pensar que la convenenciera priista Beatriz Paredes Rangel es la única que se está moviendo para venderse como el factor que ayudará a que algún aspirante acceda más fácilmente al poder es tener una visión limitada o equivocada de la realidad tlaxcalteca.

 

La ex mandataria decidió entregar su amor y su ayuda a la actual gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, quien se ha puesto el objetivo de heredar la principal silla de Palacio de Gobierno al alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García.

 

El delfín del lorenismo obviamente es impulsado por su padre el ex gobernador perredista, Alfonso Sánchez Anaya, quien ahora sólo aparece como una figura decorativa en esta juego, ya que su salud sencillamente le impide tener un papel protagónico en la sucesión.

 

A ese par de ex mandatarios tlaxcaltecas también se ha sumado el traidor y sumiso ex priista Marco Antonio Mena Rodríguez, del que no se espera casi nada. Carece de grupo político de peso y de liderazgo. Es percibido como un indigno que en su afán de salvar su pellejo y seguir viviendo del presupuesto, entregó a su ex partido el Revolucionario Institucional en los comicios del 2021.

 

La fortaleza de Alfonso Sánchez García radica esencialmente en el respaldo absoluto de Lorena Cuéllar, porque resulta iluso imaginar que algún ex gobernador que apoya su proyecto aporta algo importante o genera las condiciones políticas para representar un peso específico en la actual lucha por la gubernatura de Tlaxcala.

 

La aspirante morenista, Ana Lilia Rivera Rivera, sumó a su proyecto al ex gobernador priista y hoy miembro distinguido del partido fundado por AMLO, José Antonio Álvarez Lima, quien representa una pieza clave por la interlocución que tiene con el poder, es decir, con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, así como con el ex jefe político de Morena y del país, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador.

 

El que también decidió arropar la propuesta de la senadora Rivera es el hacendado ex mandatario estatal del PRI, Mariano González Zarur, quien reagrupo a sus simpatizantes para trabajar a favor de la oriunda de Calpulalpan.

 

La dupla Álvarez Lima y González Zarur no es menor. A esos ex mandatarios quizá los unió el enorme desprecio y animadversión que sienten por Lorena Cuéllar, quien hoy está haciendo todo lo posible por heredar la gubernatura a Alfonso Sánchez a fin de seguir moviendo los hilos del poder una vez que en agosto del 2027 deje la oficina que actualmente ocupa en Palacio de Gobierno.

 

José Antonio Álvarez es el ex gobernador de Tlaxcala con más relaciones y cercanía con el poder que maneja este país y Morena. Es una pieza clave en el proyecto de Ana Lilia Rivera y sin recurrir al estruendo o a posturas o declaraciones estrambóticas opera para que la candidatura del partido guinda a la gubernatura recaiga en alguien ajeno a los grupos y a las familias que han controlado el mando por años.

 

Por lo que respecta al ex gobernador panista, Héctor Israel Ortiz Ortiz, si bien mantiene un acercamiento y coqueteo con el delfín Alfonso Sánchez, tampoco su grupo se ha decantado abiertamente por el proyecto del alcalde capitalino.

 

Se habla que Ortiz no ha establecido acercamientos ni diálogo con la senadora Ana Lilia Rivera, porque como buen político está esperando la señales que le permitan mover sus canicas hacia la balanza que le permita conservar su coto de poder y si es posible negociar algo más, como podría ser que al actual rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, Serafín Ortiz Ortiz, le ayuden a cumplir su sueño, por no decir, obsesión, de convertirse en presidente municipal de la capital.

 

La forma en que se han dividido y se mueven los ex gobernadores de la entidad sin lugar a dudas confirma lo que desde hace algunas semanas se sabe, que la lucha por la candidatura de Morena está entre Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez, sin nadie más.

 

O usted piensa que los ex mandatarios tlaxcaltecas no saben de política y que realmente existe un caballo negro.

 

Yo no creo.

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