Los protocolos que tanto presumen y suelen destacar las autoridades estatales son una patraña, y una simulación, es decir, letras muertas que no sirven absolutamente para nada.

 

 

Ejemplos hay muchos, pero quizá uno que describe todo lo anterior pasó el jueves en la Escuela Secundaria Técnica Número 9 de San Andrés Ahuashuatepec, comunidad del municipio de Tzompantepec.

 

Ahí, un joven logró ingresar a las aulas sin ningún problema una arma hechiza calibre .22 la cual estaba cargada, tan es así que no se sabe sí por juego, descuido o intencionalmente se accionó, lesionando a otro estudiante en el pie.

 

La herida fue evidente porque el alumno presentaba en su cuerpo un orificio de entrada y otro de salida provocado por el impacto de una bala. La detonación generó caos y de inmediato intervinieron los directivos de la institución educativa, quienes se mostraron preocupados no tanto por el estado de salud del joven, sino para que el caso no trascendiera a los medios de comunicación y se volviera un nuevo escándalo.

 

El director de esa secundaria, Héctor García Hernández, logró parte de su objetivo porque el caso no trascendió el jueves y viernes y fue hasta el sábado que algunos medios dieron cuenta de ese hecho, consignando que el encargado de la escuela intentó ocultar lo sucedido.

 

De acuerdo con la información disponible, se sabe que el viernes por la mañana las autoridades de la Secretaría de Educación Pública de Tlaxcala y de la Unidad de Servicios Educativos del Estado de Tlaxcala (SEPE-USET) se enteraron del preocupante suceso, por lo que de inmediato se dieron a la tarea de investigar y tratar de esclarecer los hechos.

 

Está de más decir que esa dependencia también trató de esconder el caso y hasta ahora no se sabe si éste tendrá alguna consecuencia para el personal directivo y trabajadores de la Escuela Secundaria Técnica Número 9, pues es evidente que los protocolos con los que dice trabajar la SEPE-USET y que tanto presume el titular de la dependencia, Homero Meneses Hernández, fallaron y no evitaron nuevamente otro acto de violencia al interior de un plantel educativo de Tlaxcala.

 

Cómo se recordará el pasado 26 de septiembre se registró una agresión en el plantel 10 del Colegio de Bachilleres del Estado de Tlaxcala (Cobat) con sede en Apizaco. Ese día una estudiante lesionó a un alumno con un arma punzocortante en la garganta, herida que no provocó consecuencias graves en la salud de la víctima.

 

La agresora fue expulsada y la directora del plantel Oralia López Hernández fue suspendida. Y aunque se obstaculizó la entrada de los cuerpos de emergencia, de los elementos de la Policía de Investigación y se alteró la escena donde sucedió el ataque, el secretario de Educación, Homero Meneses, aplaudió y destacó la aplicación del mentado protocolo de seguridad.

 

En ese caso aunque hubo una denuncia ante la Fiscalía General de Justicia del Estado se desconoce si ésta avanzó o si tuvo alguna repercusión legal.

 

Por lo que toca al hecho de violencia registrado en la Escuela Secundaria Técnica Número 9, no se ha informado sí se inició una investigación de oficio por el suceso, tampoco sé conoce cómo evoluciona el estado de salud del joven que recibió el impacto de bala y menos qué pasó con el estudiante que llevó y utilizó esa arma hechiza al interior del plantel.

 

El silencio y complicidad de las autoridades educativas no sólo es preocupante, sino que resulta grave porque prefieren cuidar su imagen y hacer cómo que no pasa nada, cuando es una realidad que algo está sucediendo en las escuelas de la entidad.

 

Si resulta preocupante la omisión de la SEPE-USET, qué podemos pensar de la Fiscalía General de Justicia del Estado que al parecer actúa como compinche de los directivos del plantel y de las autoridades educativas, ya que resulta inaudito que quieran minimizar la presencia de un arma hechiza que, como ya se supo, dejó a un alumno lesionado.

 

Hasta ahora no se sabe que haya algún detenido o responsable de este nuevo hecho violento.

 

Lamentable, no lo cree usted.

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