Al parecer al desastroso gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros se le acabaron las excusas y los pretextos para ocultar sus transas, sus omisiones, sus errores, sus excesos, sus violaciones a la ley y sus implicaciones en presuntos hechos delincuenciales.

 

La vapuleada administración estatal ha optado por el silencio ante hechos delicados que se ha registrado en los últimos días, mismos que deberían tener una respuesta puntual y concreta de las autoridades, no sólo porque algunos medios de comunicación o reporteros soliciten respuestas y posturas oficiales, sino porque los tlaxcaltecas están hartos de la enfermiza soberbia de la mandataria y sus funcionarios que insisten en describir y hablar, a través de una realidad alterna, a “lorelandia”, un estado donde no hay problemas y en donde todo es bienestar, progreso y transformación.

 

La evasión de la realidad de este gobierno es incomprensible, porque de acuerdo con su sesudo análisis y estrategia, si ellos no hablan de los temas polémicos, espinosos o que evidencian los excesos de los lorenistas, entonces no existen y los ciudadanos no se dan por enterados, lo que les otorga impunidad para seguir infringiendo la ley.

 

A caso los tlaxcaltecas no merecen conocer por qué razón el zángano esposo de la gobernadora, Salvador Ballestero Rodríguez, preside reuniones con productores de Cuapiaxtla, cuando todos saben que es un mediocre abogado que lo suyo es hacerla de chofer y de bufón en las fiestas porque se siente el “Brincos Dieras” región 4.

 

El primer “damo” funge en los hechos como coordinador de la campaña del alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García, considerado como el delfín del lorenismo para heredar la gubernatura del estado, de ahí que obviamente está aprovechando su posición para operar electoralmente con recursos públicos las aspiraciones del bisoño político.

 

O qué hacía en una reunión entre productores y la titular de la Secretaría de Impulso Agropecuario, Gisela Lucero Zepeda, cuya imagen fue difundida en las redes sociales de la dependencia.

 

Tampoco habrá una respuesta para la grave acusación que hizo el ex diputado local del PT, Miguel Ángel Covarrubias Cervantes, quien recurrió a las plataformas digitales para denunciar amenazas por parte de funcionarios estatales a fin de abandonar sus aspiraciones de convertirse en candidato al gobierno de Tlaxcala en las elecciones del 2027.

 

El señalamiento resulta grave porque el también ex presidente municipal de Texoloc expuso que la administración de la señora Cuéllar reactivó las denuncias penales contra su mamá, Maribel Cervantes Hernández, por presuntos malos manejos cuando se desempeñó como alcaldesa del mencionado ayuntamiento.

 

Y hay evidencias de que el gobierno lorenista cuando se lo propone aplica la ley a sus enemigos, tal y como en su momento le pasó al entonces edil de Zacatelco, Hildeberto Pérez Álvarez, quien tras desobedecer y enfrentar al soberbio e ineficiente secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández, fue detenido y encarcelado por malversar casi 10 millones de pesos.

 

En el video Miguel Ángel Covarrubias no menciona quién lo amenazó, pero resulta muy lamentable que los funcionarios de Lorena Cuéllar hayan optado por callar y minimizar ese duro señalamiento, pues se les está acusando de torcer la ley e inventar delitos para controlar a sus adversarios.

 

Un caso más tiene que ver con el presunto involucramiento de familiares de la gobernadora de Tlaxcala en el artero asesinato del matrimonio poblano Tello Ruiz.

 

Las filtraciones del caso refieren que una hija de la mandataria tendría injerencia, al igual que el ex esposo de la misma, toda vez que se habla que en los celulares y computadoras aseguradas en las detenciones de los involucrados aparecen conversaciones que apuntan a que aparte del dinero, también habría otro móvil que motivó ese doble homicidio.

 

Y si las autoridades estatales son capaces de planear e idear delitos, seguramente tendrán la capacidad de desvanecer pruebas y eliminar imputaciones para limpiar la imagen de ciertos involucrados.

 

O no piensa lo mismo.

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