La política en Tlaxcala ha descendido a un sótano de amoralidad que pocos imaginaban. La reciente fotografía de Alfonso Sánchez García, el «delfín» de la bailarina gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, sonriendo frente a las banderas rojas de Antorcha Campesina y sus líderes, no es una estampa de «convivencia social», es una alianza política con el viejo régimen del más perverso y nefasto PRI.

 

 

Es, en toda regla, un pacto de sangre con el pasado más siniestro de México. Para alcanzar la silla estatal en 2027, el heredero del poder ha decidido venderle el alma al diablo, al grupo que personifica la extorsión, el cacicazgo y la corrupción que Morena juró erradicar.

 

Antorcha Campesina es la historia del imperio del chantaje, de las prácticas más nefastas de la extorsión en México.

 

Antorcha Campesina se creó en 1974 en Tecomatlán, Puebla. Fue fundada por el ingeniero Aquiles Córdova Morán junto con un grupo de universitarios y campesinos, con el objetivo de organizar a la población pobre de la Mixteca Baja para mejorar sus condiciones de vida. Con el paso del tiempo, todo cambió.

 

Hablar de Antorcha Campesina ya no es hablar de lucha social; es hablar de una maquinaria de choque que perfeccionó el arte de lucrar con la pobreza. Durante décadas, bajo el cobijo del «PRIAN», esta organización operó como un estado dentro del Estado. Su historial es una antología del crimen institucionalizado.

 

Antorcha Campesina, el nuevo “aliado político” del alcalde de la capital tlaxcalteca, es sinónimo del “huachicol” y el lavado de dinero. En 2020, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) exhibió las entrañas del monstruo al congelar cuentas de sus líderes por movimientos irregulares de más de 2 mil 200 millones de pesos. Se les vinculó con una red de gasolineras que servían para blanquear recursos provenientes del robo de combustible en el Triángulo Rojo.

 

El «Triángulo Rojo» en Puebla y Tlaxcala es una región geográfica identificada por la alta incidencia delictiva, históricamente ligada al robo de combustible y actualmente diversificada hacia el robo a transporte de carga, narcomenudeo y otros delitos violentos.

 

Antorcha Campesina tiene amplia presencia en este epicentro de actividad delictiva. Los municipios con mayor problemática en la región de Puebla son Acatzingo, Tecamachalco, Palmar de Bravo, Acajete, Tepeaca y Quecholac. A inicios de 2026, se reportaron altos índices de violencia, con múltiples homicidios y hallazgos de restos humanos en zonas del estado.

 

Y Tlaxcala, en los últimos años, también ha sido incluida en esta zona delictiva. Informes de finales de 2023 indicaron que Tlaxcala se había incorporado a esta zona de alto riesgo del Triángulo Rojo.

 

Pero lo más preocupante de la presencia de Antorcha Campesina en la región son informaciones de seguridad relacionadas con que la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar, ha cedido a diversas demandas de la organización bajo presiones de extorsión.

 

La realidad no se puede ocultar. La principal forma de operar de la organización Antorcha Campesina, los nuevos “amigos” de Alfonso Sánchez García, es la extorsión y el “moche”. Su modus operandi siempre ha sido el mismo: amenazar y sitiar ciudades o dependencias de gobierno para exigir «obras etiquetadas», puestos públicos y concesiones, incluso de transporte público.

 

El dinero público y las concesiones no llegan a la gente a la que dice apoyar Antorcha, sino a sus líderes y a las constructoras que les pertenecen, “ingenieros” que se hicieron millonarios mientras sus bases seguían viviendo en suelos y caminos de tierra. ¿Y qué ofrecen a cambio? Apoyo político para aspirantes o candidatos.

 

Antorcha Campesina, que ahora tiene “convivencias sociales” con el delfín de Lorena Cuéllar, es una organización cuya principal característica es que cuenta con cacicazgos de terror.

 

Su historia se registra en lugares como Chimalhuacán e Ixtapaluca, donde impusieron feudos en los que el voto era una mercancía. Quien no marchaba o no votaba por el PRI bajo sus órdenes perdía el acceso al agua, a la despensa o a su propio terreno. Lo mismo que le han ofrecido a Alfonso.

 

Lo que estamos viendo en la entidad es lo que podríamos denominar una traición a la esperanza de bienestar que la llegada de Morena a Tlaxcala prometía con Lorena Cuéllar.

 

Es una bofetada a la inteligencia de los tlaxcaltecas que Sánchez García, cobijado por el aparato estatal de Morena, quiera legitimar a estos verdugos. Los estatutos del partido prohíben explícitamente el corporativismo, la intermediación y el clientelismo. Sin embargo, en su afán de asegurar la imposición como candidato, Alfonso Sánchez ha decidido que los principios son estorbos negociables.

 

¿Qué les habrán prometido Sánchez García y Lorena a los “antorchistas” a cambio de su apoyo incondicional para lograr sus fines políticos? Solo ella y él lo saben, pero no hay que ser muy inteligente para afirmar que será impunidad para sus negocios turbios en Tlaxcala, espacios cupulares en su eventual gobierno de 2027 y obras públicas entregadas por asignaciones directas.

 

Al sentarse a “convivir y dialogar” con ellos, el «delfín» acepta las reglas del juego de la mafia: votos por prebendas. Este pacto no ocurre en el vacío; no es solamente con Sánchez García, lo es también con Lorena Cuéllar.

 

El intento de la candidatura de Morena para Sánchez García es el síntoma más autoritario del gobierno de Lorena Cuéllar, que ha confundido la administración pública con un patrimonio familiar. El delfín Alfonso no está ahí por méritos propios, sino por ser el hijo de un exgobernador que cobra facturas políticas y es el favorito de la mandataria para proteger su escapada al fin de la administración.

 

El nepotismo y la ambición han creado un monstruo, un Frankenstein que es un verdadero peligro para Tlaxcala: un candidato que no tiene ni experiencia, ni capacidad ni, mucho menos, pueblo, sino «estructuras» compradas por su madrina y pactadas con el viejo régimen que representan Alfonso padre, Beatriz, Héctor y Marco.

 

Tlaxcala se encuentra en una encrucijada que, además, empieza a oler muy mal.

 

Si Alfonso Sánchez García está pactando con los extorsionadores del “huachicol” y los capataces del PRIAN para llegar al poder, ¿con quién más podría pactar si llegara a la oficina principal del Palacio de Gobierno? El crimen organizado y los cárteles estarán esperando la “invitación a colaborar”, si no es que ya lo hacen.

 

Tlaxcala no quiere a un heredero de la “mafia del poder” que siga hipotecando el futuro del estado a grupos de choque y extorsionadores.

 

La «Nueva Historia» está resultando ser la reedición más rancia y podrida de la vieja política. El pacto con el diablo ya se firmó, y el costo por ello podría ser muy alto; lo pagaremos todos con corrupción, violencia y el retorno de los intermediarios que tanto daño nos hicieron.

 

La imposición tiene nombre y apellido, y hoy huele a azufre antorchista.

 

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