Tlaxcala en Ruinas: El círculo íntimo de la desgracia estatal

Es difícil despedir el 2025, sentimientos encontrados nos invaden; primero, la felicidad de estar con la familia hoy por la noche, despedir el año —aquí sí vienen al caso los abrazos—, hacer nuevos planes profesionales y familiares, pero es imposible no detenernos a reflexionar lo terrible que ha sido este año para los tlaxcaltecas.
Ni todo el dinero público, que no ha sido poco, tirado a la basura en campañas de comunicación estériles y saturadas de opacidad y falta de transparencia, ha servido para que, abrumadoramente, los habitantes de este gran Estado se sientan decepcionados y frustrados con el gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros.
Más allá de los números, de las estadísticas, de las encuestas —las no oficiales, por supuesto—, que son la prueba irrefutable de un gobierno fallido, obligan a señalar con el dedo índice a los responsables del desastre, esa mini “Mafia del Poder”, que no por ser pequeña ha hecho tanto daño a los tlaxcaltecas.
Más del 92% de los tlaxcaltecas pide, exige, la revocación de mandato de la gobernadora Lorena Cuéllar.
Mientras el discurso oficial intenta sostener la fachada “del estado más seguro”, la realidad de Tlaxcala en este 2025 se desmorona bajo el peso de la opacidad, el nepotismo, la inseguridad y las mentiras sistemáticas.
Detrás del colapso del gobierno de Cuéllar Cisneros surge una red de personajes clave, familiares y funcionarios cercanos, todos ellos bajo un manto de tenebra, de sombras y oscuridad, señalados como los verdaderos responsables de las calamidades que asfixian a la ciudadanía.
El Clan Familiar y el Botín Presupuestal
En el epicentro del escándalo se encuentra la gobernadora Lorena Cuéllar, una mujer que se formó bajo el amparo de una familia que se vino haciendo poderosa política y económicamente a través de varias décadas, con un sin fin de sospechas de las formas perversas de cómo lo lograron: despojos, tráfico de influencias, homicidios no aclarados, desvío de recursos públicos, que son del dominio público.
Lorena convirtió ese poder económico acumulado en más poder político; fue capaz —y habrá que reconocerlo— con un cuento falso de “bondad y amor” que engañó a todos, hasta llegar a la gubernatura del Estado.
A su lado, las hijas: Mariana Espinosa de los Monteros, al frente del DIF estatal, y Fernanda, en la Secretaría del Bienestar, manejan presupuestos conjuntos que superan los 1,000 millones de pesos anuales y más de tres mil en los últimos cuatro años.
Mientras las críticas por su desempeño las sitúan como las peor evaluadas a nivel nacional, la administración de estos recursos, ejercidos sin transparencia y en acciones opacas cuyas explicaciones están guardadas a cuatro llaves —o reservadas, como les gusta esconder la verdad—, ocurre en un estado donde continúa el desabasto de medicinas, los muertos, la trata de personas, intentos y linchamientos para hacer justicia por propia mano y el nepotismo como nunca se había visto; sí que resulta insultante.
A esta mini mafia se suma Salvador Ballesteros, esposo de la mandataria, quien desde las sombras y bajo el cuestionamiento de su legitimidad profesional controla los procesos de adquisiciones y licitaciones del gobierno lorenista, convirtiendo la obra pública en un asunto de familia. Dicen que de tanto capital que ha acumulado, de “felicidad” se ha dado a celebrar al Dios romano Baco con singular alegría.
Ballesteros tiene insertados también en puestos clave familiares directos y “amigos y amigas” que ha traído a Tlaxcala, para enseñarnos cómo se administran las adquisiciones de los insumos que requiere el gobierno y cómo se eligen a los constructores privilegiados de las “magnas obras” que solo sirven para generar “moches” más gordos.
Gabinete de Crisis y Nexos Oscuros
La parálisis gubernamental, transformada en organización de intereses de grupo, se extiende a áreas estratégicas:
En seguridad y gobernación, el morelense secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández, es percibido como una figura «tenebrosa» con presuntos vínculos con grupos delictivos de Morelos, dedicados a la tala clandestina de bosques, a negocios del tratamiento de la basura en rellenos sanitarios y a las concesiones de transporte público.
Lo anterior explicaría el auge de la inseguridad ciudadana, la justicia por propia mano y los linchamientos en la entidad, la presencia del crimen organizado, la trata de personas con fines de explotación sexual, las extorsiones operadas desde las cárceles del estado y la permisividad de los alcaldes morenistas de hacer lo que se les pegue la gana con el presupuesto, siempre y cuando lo hagan con los proveedores y constructores que se les asignen.
El caso del Turismo es un asunto de franca simulación: la ahora funcionaria federal Josefina Rodríguez Zamora, llegada a ser secretaria en Tlaxcala y a la federación por el supuesto pago de facturas políticas al diputado Pedro Haces, de negro pasado y presente, viene de una familia que constantemente es acusada en las redes sociales de “robavacas”, de un abuelo encarcelado en los años 80´s por corrupción, nada menos que por la entonces gobernadora Beatriz Paredes Rangel.
Y el actual secretario estatal Fabricio Mena (cuñado de la gobernadora y un total ignorante de las políticas públicas del sector terciario) es señalado por usar el turismo como pantalla para el control presupuestal del estado; el actual secretario de Finanzas David Álvarez es su discípulo desde hace muchos años, desde tiempos del impresentable Joaquín Cisneros y cuando Lorena fue alcaldesa capitalina.
Es una red muy bien aceitada la que opera Fabricio Mena para Lorena Cuéllar; sabe cómo hacerlo, cómo cambiarse de bando en el momento político preciso, así lo hizo con su hermano el ex gobernador Marco Mena. Es un alfil indispensable en la organización.
Llegamos al que quizá sea uno de los personajes más grises: Antonio Martínez Velázquez. Es un cómplice involuntario —eso pensamos— que se presentó como el más reciente vocero del gobierno para legitimar con “novedosas estrategias de comunicación” todas las “porquerías” de la citada mini mafia del poder. Si no lo sabe, es un tonto; si tiene conocimiento, peor: es uno más de los integrantes del grupo y le tocarán migajas, no pocas, pero no lo que se llevan los demás.
Marvel es señalado por fabricar «realidades alternativas» para ocultar la incapacidad y los negocios en la gestión de Cuéllar; la convenció de propagar cortinas de humo para desviar la atención de lo realmente importante. “Pero Mariano González y Marco Mena también tenían camionetas blindadas”; lo de los “bots chinos” y la perorata de los periodistas “buenos y malos” son una oda a la estupidez humana.
Y nos falta Alfonso Sánchez García, la adquisición más reciente de la organización; junto con Josefina Rodríguez, son los planes A y B para la sucesión del 2027 de Lorena: ya tiene a la mujer y al hombre para lo que Morena nacional decida.
Alfonso, se podría decir, es el forcado en el ruedo: no sabe torear animales de 500 kilos (tampoco vaquillas), le cuesta trabajo administrar, no tiene experiencia, nunca ha sido líder de nada, nunca ha encabezado una lucha social, es manipulado por su mujer. Es para muchos el peor presidente municipal de las capitales de las entidades del país y uno de los peor evaluados de todo México.
Pero tiene una cualidad —si así se le puede llamar—: le hace caso a su padre, el cansadito y experimentado ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya, que, empecinándose por postergarse en la política, le cobra añejas facturas a Lorena y le vendió la idea de que su vástago la va a proteger, que nadie le va a buscar las cuentas bancarias ni a investigar sus propiedades y las de su esposo e hijas, compradas con el “sudor de los tlaxcaltecas”. Es una oferta que la señora Cuéllar no puede rechazar, lo sabe.
En fin, este es un muy breve resumen de las desgracias de los tlaxcaltecas del año y el acumulado de la gestión; los responsables tienen nombre y apellido. Algunos de esta bonita familia se llevarán, al término del sexenio, las camionetas blindadas (otras cosas también y “cash”), guaruras pagados por nosotros —a los que quizá algún día quiere hacerlos Jueces del Bienestar, no sea la de malas que la que llegue no sea lo que Lorena quiere— y “patitas pa’ qué las tengo”.
Gracias a nuestros amables lectores por su preferencia a esta columna de opinión, un año más. Estoy consciente de los riesgos que el ejercicio de la prensa implica hoy en día: son capaces de acusarnos de cualquier cosa, hasta de “uso de recursos de procedencia ilícita” y de “terrorismo” para callarnos, mientras los verdaderos pillos —servidores públicos, no todos— se pasean impunemente con una desfachatez como si fueran la “divina salvación” de las desgracias de los tlaxcaltecas y los mexicanos.
¡FELIZ AÑO NUEVO 2026! Salud, trabajo, menos abusos y corrupción.
Nos encontramos el 2026, precisamente el 5 de enero, a ver qué novedades nos traen los Reyes Magos.
****************************************************************************
Post Views: 6.734