Opacidad y desconfianza: La «cirugía» de Lorena Cuéllar Cisneros genera más dudas que respuestas en Tlaxcala.

 

 

«Las mentiras tienen las piernas cortas», dice el refrán, porque indica que las mentiras no pueden sostenerse por mucho tiempo y la verdad pronto sale a la luz.

 

Un anuncio cargado de vaguedad: el gobierno de Tlaxcala, a través de su vocero, confirmó que la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros se someterá a una cirugía por pólipos en las cuerdas vocales a inicios de enero de 2026, con un reposo que incluirá 10 días de silencio absoluto.

 

Sin embargo, ni la fecha exacta, ni el hospital, ni la ciudad donde se realizará la intervención han sido revelados, prometiendo detalles solo «una vez definida la logística«.

 

Esta opacidad, típica de esta administración criticada por falta de transparencia, alimenta rumores y desconfianza entre los tlaxcaltecas, especialmente en un contexto donde las encuestas revelan un abrumador rechazo a su gestión y una percepción generalizada de que la mandataria “miente sistemáticamente”.

 

Según la encuesta de Arias Consultores de octubre de 2025, Cuéllar Cisneros ostenta una aprobación general de apenas el 8.0%, colocándola en el top 5 de los gobernadores peor evaluados de México. Pero lo más alarmante es la credibilidad: solo el 5.5% de los encuestados en Tlaxcala cree que la gobernadora “dice la verdad”, mientras que un aplastante 94.5% opina que miente. Sí que es devastador el dato que arroja el estudio, para ella y para Tlaxcala que la sufre.

 

Este dato posiciona a Cuéllar como una de las peores en percepción de honestidad a nivel nacional, reflejando un profundo divorcio entre su discurso oficial y la realidad percibida por los ciudadanos, agravada por problemas como inseguridad y corrupción.

 

Ante este panorama de descrédito, no es sorpresa que muchos tlaxcaltecas duden de la versión oficial sobre su salud. ¿Es realmente una cirugía de cuerdas vocales, o se trata de otra mentira para encubrir algo más?

 

En los corrillos del gobierno estatal y entre la ciudadanía, sobre todo en las “benditas redes sociales”, circulan versiones alternativas de toda índole, algunas muy agresivas y crueles; pero las más sonadas, por aquello de las mentiras de Cuéllar, aseguran, por un lado, que la gobernadora planea “ligar las vacaciones decembrinas con un crucero familiar” —ya saben, esas que a la familia les encantan aunque en ocasiones les vean la cara y les den “gato por liebre”—, extendiendo su ausencia bajo el pretexto médico.

 

Por otro, que en verdad sí habrá intervención quirúrgica, pero no laríngea, sino “estética”, para retoques en rostro o cuerpo de Cuéllar, como lo ha hecho en ocasiones previas durante y antes de su mandato, por aquello de la vanidad y de la poca autoestima que la agobia ante el paso inminente del tiempo.

 

Por ejemplo, procedimientos cosméticos comunes en mujeres que requieren entre 10 y 20 días de recuperación incluyen el “lifting facial” (con hinchazón y moretones que persisten hasta dos semanas), la “blefaroplastia” (cirugía de párpados, con reposo de 10 a 14 días para evitar exposición pública), la “rinoplastia” (para corregir la forma de la nariz, porque la anterior quedó francamente mal, con férula y edema visible por 10 a 15 días).

 

O de plano una “abdominoplastia parcial” o “liposucción localizada”, que demandan reposo similar para ocultar inflamación, para quedar como modelo de ropa de niñas, excelsa. Estos tiempos coinciden perfectamente con los «10 días de silencio» anunciados, lo que aviva las sospechas de que el verdadero motivo sea un rejuvenecimiento estético, no un problema vocal.

 

Y si aceptamos la versión oficial —que se trate de una microcirugía laríngea por pólipos—, surgen algunos interrogantes más incómodos. ¿Por qué no se la realiza en uno de los «maravillosos hospitales muy equipados del Bienestar» que, según la propia gobernadora, ha construido en Tlaxcala?

 

El vocero no sabe —como muchas cosas más que también ignora— o miente: ni el hospital ni la ciudad, lo que sugiere un nosocomio privado, posiblemente en la Ciudad de México o incluso en el extranjero. Al amigo Marvel ya le dicen el “Pinocho de la vocería oficial”.

 

En México, una cirugía de pólipos en cuerdas vocales, “grave” suponemos por “el dramatismo” de Lorena en su video, cuesta en promedio entre 250 y 300 mil pesos en paquetes completos (incluyendo hospital, anestesia, honorarios y medicamentos, de patente por supuesto, no como los similares que dan en el Módulo Médico de Tlaxcala), según consultas a especialistas del propio sistema de salud de Tlaxcala, que no mostraron ningún empacho en soltar la sopa.

 

En clínicas de alta especialidad o en el extranjero (como en Houston, en los Estados Unidos), los precios pueden escalar drásticamente a decenas de miles de dólares. ¿Quién pagará? ¿Usted y yo con nuestros impuestos? Qué bonito sería que sí, ver nuestro dinero “trabajando” para poder escuchar una vez más a Cuéllar con su delicada voz en los actos públicos.

 

O bien, en un arranque de honestidad —puede ser—, la cirugía sea pagada con el bolsillo personal de la mandataria. En una entidad como la nuestra con altos índices de falta de transparencia y corrupción percibida, según INEGI e IMCO, que ella se desprendiera de esa lana no la haría menos rica y rayaría en un “milagro” concedido por la virgencita de Guadalupe.

 

¡Fotos, fotos! de Cuéllar en el hospital, aunque sea en el de Balbuena de la CDMX con el Director General del IMSS, Zoé Robledo, a los pies de la cama, con imágenes “fake” en los boletines de prensa tan “bonitos” que distribuye el “Pinocho vocero”.

 

Esta «opacidad tenebrosa» es emblemática en un gobierno que prioriza el sigilo sobre la rendición de cuentas. Ahora, en torno a la salud de Cuéllar, es un asunto que impacta directamente la gobernabilidad en el Estado, pues implica ausencia prolongada y posible licencia al Congreso.

 

En un Tlaxcala desencantado, donde más del 70% ve la inseguridad como preocupante y la corrupción como el principal problema, esta nueva cortina de humo solo profundiza la brecha con los ciudadanos. ¿Qué más oculta esta administración? No más excusas envueltas en misterio.

 

Ausentarse por 10 días o más —si empieza en diciembre de este año y se prolonga hasta enero del próximo— podría generar vacíos de poder en un estado ya de por sí frágil. Y no creo que los tlaxcaltecas confíen mucho en el morelense secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez; sus “cartas credenciales” no son muy recomendables y arrastra un prestigio como tepocate en primavera.

 

Y recordemos el devastador incendio forestal en el cerro San Gabriel de Altzayanca en abril de 2025, uno de los peores en décadas en Tlaxcala, que arrasó por lo menos mil 200 hectáreas, que tardarán en recuperarse de flora y fauna por lo menos 20 años, según opinión de verdaderos especialistas, no los improvisados de la Secretaría del Medio Ambiente del Estado.

 

La gobernadora apareció tres días después del inicio (el 16 de abril, tras el brote el 14), en plena Semana Santa. Pobladores y brigadistas la recibieron con reproches y protestas, acusándola de respuesta tardía y ausente. Rumores fundados apuntaron a que «interrumpió sus vacaciones» para atender el desastre.

 

Los vecinos, arriesgando sus vidas mientras combatían el fuego con medios precarios, la encararon y prácticamente la «corrieron a gritos», destacando que fueron ellos, no el gobierno, quienes enfrentaron el siniestro inicial. Este episodio evidenció cómo las ausencias de Cuéllar agravan la crisis, profundizando el desencanto ciudadano y más con la ineficiencia de sus colaboradores, ocupados en otros menesteres, menos en sus responsabilidades.

 

En un Tlaxcala con alta percepción de corrupción e inseguridad, otra ausencia prolongada, ya sea por salud real o como “caja china” —que se le da muy bien, por cierto, a Cuéllar—, podría desencadenar problemas serios: retrasos en decisiones urgentes, oportunismo político o incluso emergencias sin liderazgo directo.

 

La mandataria, cuya salud definitivamente impacta la gobernabilidad, debería solicitar licencia formal al Congreso si la intervención lo requiere. Imagínese, ¡Dios no lo quiera!, que la tan mentada cirugía se complique y la ausencia se prolongue con cierto grado de incapacidad para tomar decisiones. ¡Cruz, Cruz!

 

En fin, los tlaxcaltecas no merecen más misterios; exigen claridad, presencia y rendición de cuentas. ¿Qué oculta realmente esta administración, otra vez? La duda, fundada en hechos y encuestas, solo crece.

 

Dicen que “piensa mal y acertarás”.

 

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