Hoy, ya con el ánimo decembrino amanecí de buen humor, lo cual es raro, esperando con ansías (ni yo me la creí) el 4º. Informe de Gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros, para conocer el balance de lo realizado o inventado durante 2024, según usted lo juzgue o lo vea, porque en Tlaxcala como en todo el país, hay “libertad de expresión como nunca”, dice la Presidenta y uno puede hablar sin restricciones de nuestros gobernantes. Con un poco de ironía:

 

 

Bienvenidos al inicio del capítulo final de la telenovela que nunca pidió audiencia nacional, pero que los tlaxcaltecas se han tragado entero durante 4 años: “Lorelandia”, donde todo es perfecto… hasta que alguien enciende la luz.

 

Han sido cuatro años que la mayoría de los tlaxcaltecas quisieran olvidar, nunca volver a padecer, y faltan dos, más bien meses, ungida la o el candidato a la gubernatura por Morena, que dicen todas las encuestas repetirá en la gubernatura, la mandataria Cuéllar Cisneros tendrá que empezar a poner en orden el changarro porque habrá un par de ojos que la vigilará cuidadosamente.

 

Dicen que, érase una vez una gobernadora de Tlaxcala que llegó en 2021 siendo la más votada, con el discurso de la Cuarta Transformación en la punta de la lengua y una legión de secretarios (foráneos nefastos), subsecretarios, directores, coordinadores y asesores que le juraban lealtad eterna, con el tiempo, algunos de ellos ya fueron removidos, reciclados y otros se dieron a la fuga impunemente con una pequeña “ayudita”, pero su pasado los perseguirá siempre.

 

Se acerca el momento en que sonará la campanada del adiós, esa legión de servidores públicos, debiluchos (no tanto, a unos se les ve muy repuestos en la panza), pasmados, ineficientes, simuladores y traicioneros, se han convertido hoy en día en un batallón fantasma: nadie defiende, nadie contesta con la verdad, nadie aparece si no se les autoriza.

 

Aparecen esporádicamente en la foto o tirados alcoholizados en la calle. Otros, andan en eventos VIP y “regando el tepache” con cada ocurrencia que hacen u organizan que da más risa que La Vecindad del Chavo, así como la Conmemoración de los 500 años de la fundación de la ciudad capital.

 

Unos más están revisando sus nuevas propiedades y cuentas bancarias para saber que ya están lo suficientemente “gordas” para “aventar el arpa” antes de tiempo y evitar la quema generalizada. Y finalmente, otros, ocupados en campañas políticas anticipadas e ilegales, porque les hicieron creer que eran los “elegidos” para la grande del Estado.

 

Los miembros del gabinete legal y ampliado, esa crema y nata del servicio público que cobra sueldos de escándalo y son de “otro nivel” (no los merecemos), han perfeccionado el arte de la simulación, bueno lo hicieron desde el principio, vinieron a hacer lana. No es deserción, es evolución darwiniana: el que se asoma, muere políticamente. Así que optaron por la estrategia ancestral del burócrata tlaxcalteca: nadar de muertito, flotar boca abajo y rezar para que nadie les salpique.

 

¿Quién defiende a Lorena Cuéllar cuando el propio gobierno parece una sucursal de los servicios funerarios? ¿Cómo justificar y ocultar lo evidente?, la inseguridad que ya no cabe en las estadísticas oficiales, los hospitales sin medicamentos con los pacientes siendo víctimas de malos tratos; las escuelas sin maestros porque les toleran todo (son votos potenciales) y estudiantes “drogados” aunque lo quieran ocultar; las carreteras convertidas en cráteres lunares y la deuda que han quedado a deber por su mal desempeño, crece más rápido que la indignación ciudadana. No se puede. Por eso nadie lo intenta.

 

Por cierto, alguien sabe si ya encontraron los seis cuerpos descabezados, los autores de las explosiones en comercios, los autores de ejecuciones a plena luz del día, los responsables de los linchamientos, los asaltantes de las motos que los siguieron las cámaras del C5i pero que nunca los ubicaron, los autos robados, los contratos de las camionetas blindadas y las casi mil millones de pesos de presupuesto de las hijas, a Alfredo Álvarez, al primer secretario de seguridad estatal, a los secuestrados, los árboles de los incendios forestales, el sexto dedo del “cuñado incómodo”, a los “bots” asiáticos, los contratos de los medios de la propaganda oficial, al fenómeno de la trata de personas, etc., etc. Son preguntas, nada personal.

 

Sigamos con el drama. ¿más? El único que aún aparece regularmente, porque le encanta el reflector, es el vocero, ese mártir contemporáneo que carga con la más fea del sexenio, me refiero a la etapa: pararse frente a los micrófonos cada semana para dar la cara y llevar funcionarios asustados a decir avances que nadie cree, a responder preguntas con tal retórica que parece un político del siglo pasado y a sonreír como si le pagaran por cada mueca de dolor disfrazada de alegría.

 

Los “diálogos circul3ros”, porque siempre terminan donde empezaron, se han convertido en una especie de teatro del absurdo: el vocero habla y lo hace como el de Fox: “lo que realmente quiso decir la gobernadora es…”, los reporteros a modo preguntan lo que él quiere que le cuestionen, mientras, los secretarios lo observan pensando “qué está diciendo el compañero”.

 

La cortina de humo de los “bots chinos”, las inversiones millonarias fantasmas de obras y celebraciones, las camionetas blindadas, las declaraciones patrimoniales de la jefa que nadie ve porque el “pinch3” sistema de la página oficial es un “pend3jo”, y la justificación del “borrachito” artesanal, son la cúspide de su espectáculo, hasta ahora.

 

Me pregunto por qué el vocero nunca lleva a la gobernadora a sus “diálogos”, quizá tiene el temor de que ese día sí vamos todos y la bombardeamos a preguntas, o simplemente sabe que no sabe que su jefa va a “regar el atole” porque eso de la hablada improvisada no más no sé le da y se le “traba la lengua”.

 

Lo cierto es que, en el centro del huracán, sola como nunca, doña Lore contempla su reino en ruinas, en franca extinción, sin entender muy bien qué pasó. Ella que juró que Tlaxcala sería “el ejemplo nacional”, que prometió honestidad, resultados y cercanía con el pueblo, hoy gobierna desde un bunker del que solo sale a entrevistas banqueteras “controladas” y un ch1ngo de boletines oficiales con cifras alegres. Nunca contesta redes sociales cuando es cuestionada, ya no responde a la prensa incómoda, ya no contesta ni a sus propios colaboradores. Porque contestar implicaría reconocer que algo falla. Y en “Lorelandia”, por definición, nada falla nunca.

 

Pero en las calles de Tlaxcala, en el trajín del día a día para ganarse la vida, la vida real pues, la gente ya no se ríe con los memes de ella: está enojada. Ya no comparte los montajes por diversión: los comparte por hartazgo. El rechazo no es una moda pasajera; es un estado de ánimo colectivo que se huele en las calles, en el mercado, en el transporte público, en las filas del hospital y en los grupos de WhatsApp de los ciudadanos y, que las encuestas también reflejan, aun las que son pagadas y maquilladas.

 

Faltan dos años, Dios mío. En términos políticos, una eternidad si vas ganando, porque hay más tiempo para seguir saqueando y un pestañeo si vas perdiendo 10-0 en la novena entrada. Y Lorena va perdiendo por paliza. En muy pocos meses empezarán los tiempos electorales de verdad, ahorita lo que vemos son escaramuzas y amagos. Vienen las encuestas internas de Morena, las filtraciones, las traiciones de los miembros de su gabinete y que se cocinan en los sótanos de San Lázaro, el Senado de la República y Palacio Nacional. Y cuando vea quién es la candidata (o el candidato) que la presidenta Claudia decida, se le va a caer el mundo de fantasía que con tanto esmero construyó.

 

Porque así la conocemos: cuando se siente acorralada, da manotazos, se enferma. Empezará a buscar culpables, a sacrificar secretarios como quien cambia muebles viejos, a culpar a sus asesores (empezando por el consorte), a los “put…” medios, a los “conservadores”, a los “fifís” y hasta al cambio climático si hace falta. Todo menos mirarse al espejo.

 

El presente la aplasta como losa de plomo: un gobierno que no caminó, un gabinete que se escondió y una ciudadanía que ya no cree en cuentos de hadas. El futuro la aterra: saber que quien llegue en 2027 no va a inaugurar una estatua suya, sino que va a borrar y demoler lo que queda de “Lorelandia”, como los antiguos egipcios, para poder construir algo encima. Será un jonrón con bases llenas, sí, pero de esos que destruyen muros… y el muro que va a caer será el suyo.

 

Debe ser muy duro dormir sabiendo que tu legado ya no lo escribes tú, sino la realidad que te negaste a ver, lo escriben las encuestadoras, los memes, las filtraciones de información, las columnas de opinión a las que no les paga. Debe ser muy duro despertar y descubrir que el reino encantado era sólo un espejismo sostenido por aplausos comprados, “abracitos y besitos fingidos”, fotos editadas que la hacen ver como cuando tenía 30 años y una corte de cobardes que hoy te dejaron sola.

 

En Tlaxcala ya no preguntamos cuándo va a terminar esto. ¿cuánto más vamos a aguantar? Y mientras tanto, en algún lugar del Palacio de Gobierno, alguien la llama y si no contesta, no existe.

 

Ahí se los dejo, para que lo pensemos todos. Sobre todo, ella.

 

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