Cuál será el costo del necio silencio del gobierno lorenista y de los diputados y las diputadas locales sobre el escandaloso tema de la inseguridad que padece Tlaxcala desde el inicio de la actual administración estatal.

 

 

Los tlaxcaltecas no olvidan y cuando se lo proponen, suelen castigar con su voto a las autoridades y a los representantes populares, no por nada la entidad ha sido gobernada por la mayoría de los partidos políticos.

 

La mandataria Lorena Cuéllar Cisneros podrá seguir con su estribillo desgastado de que Tlaxcala es de los estados más seguros del país y que los indicadores de diferentes delitos van a la baja, pero la realidad no se cansará de restregarle en la cara que hoy se vive el peor episodio de violencia e inseguridad de que se tenga memoria.

 

En el estado más seguro del país y en el que más se invierten recursos en seguridad, no falta un día cuando se conozca la ejecución de un empresario, la aparición de un cuerpo con signos de tortura, el asalto a un cuentahabiente al interior de una institución bancaria o el robo armado a pasajeros de unidades del transporte público.

 

Y lo grave, es que nadie rinde cuentas del desastre que está resultando la fallida estrategia de seguridad en manos del enamorado capitán de la Marina, Alberto Martín Perea Marrufo, quien no da la cara para explicar sus desaciertos y sus fracasos.

 

La gobernadora Cuéllar está acostumbrada a voltear al lado contrario donde están los problemas que aquejan y padecen los tlaxcaltecas, porque quizás viajar en camionetas blindadas, trasladar la residencia de su familia a Puebla y contar con un aparatoso y oneroso cuerpo de guaruras le alteró la realidad.

 

Nadie la saca de la burbuja en la que se encuentra encapsulada y menos acepta que sus datos que dibujan supuestas mejoras en seguridad sólo existen en el discurso oficial de Morena, en su mente y en su séquito que todos los días la hace vivir el cuento del traje nuevo del emperador.

 

Me queda claro que pueden registrarse más asesinatos, más apariciones de cuerpos en el territorio tlaxcaltecas, más asaltos y que no cambiará nada, toda vez que los responsables de este desastre no se inmutan en lo más mínimo, porque para ellos se ha normalizado la violencia y no merece más atención de los minutos que le dedican cada mañana en la inservible mesa de seguridad que sostienen los funcionarios de lunes a viernes en las modernas oficinas del C5i.

 

Los actuales diputados y diputadas locales son cómplices de lo que se padece en Tlaxcala. Se volvieron en paleros y solapadores de los funcionarios lorenistas que no son molestados para que comparezcan ante el Congreso del Estado y rindan cuentas.

 

El año pasado los legisladores bloquearon la presencia de los colaboradores de la mandataria estatal, medida que hoy seguramente repetirán a fin de impedir que éstos den explicaciones de sus omisiones, errores, excesos y posibles actos de corrupción que han venido cometiendo sin que nadie les diga algo.

 

La diputada del PAN, Miriam Martínez Sánchez, ya adelantó que una vez que se reciba en el Poder Legislativo el cuarto informe de la gobernadora Lorena Cuéllar solicitará la comparecencia de algunos funcionarios, empezando por el ineficiente secretario de Seguridad Ciudadana, Alberto Martín Perea, quien está obligado a explicar porque los hechos delictivos están imparables en Tlaxcala.

 

Difícilmente los legisladores de Morena y sus aliados autorizarán la comparecencia de Perea Marrufo y de otros funcionarios más, pues está claro que ellos harán lo que les ordene su jefa Cuéllar que, obviamente, se opondrá a tal ejercicio de rendición de cuentas porque sencillamente no permitirá que nadie describa una narrativa diferente o que cuestione la falacia de que Tlaxcala es el estado más seguro del país.

 

Lo malo para la mandataria morenista y sus funcionarios es que se acercan las elecciones y su discurso oficial se derrumbará porque no sólo es insostenible, sino porque los ciudadanos y las ciudadanas serán los primeros en recriminar su evidente falta de resultados.

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