En un país donde la transparencia y la honestidad deberían ser inquebrantables valores del servicio público, el escándalo que envuelve a Josefina Rodríguez Zamora, actual secretaria de Turismo federal, representa no solo un agravio a la confianza ciudadana, sino una afrenta directa a la integridad del gobierno de México.

La investigación publicada por e-consulta Tlaxcala ha destapado, con evidencia irrefutable, las mentiras y falsedades en su currículum vitae oficial, alojado en la página del Gobierno de nuestro país.
Allí, Rodríguez Zamora presume de una maestría en Administración Pública que, según los hallazgos, jamás obtuvo de la Universidad del Valle de Tlaxcala (UVT).
¡Sí Existe! información manipulada, fechas incongruentes y la ausencia total de registros definitivos en la institución educativa y en los sitios oficiales de la Secretaría de Educación Pública de México. Todo apunta a una mentira deliberada que engaña no solo al pueblo de Tlaxcala, sino a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y a toda la nación. Ante esta revelación demoledora, su respuesta ha sido un silencio ensordecedor, confirmando el viejo adagio: “La que calla, otorga”.
Este mutismo culposo es estratégico con desafortunados resultados. La secretaria, cuya ambición por la gubernatura de Tlaxcala es un secreto a voces, ve cómo esta farsa frena en seco sus aspiraciones políticas, incluso con el apoyo evidente, y ahora cuestionable, de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros. ¿Todos nos preguntamos en Tlaxcala ¿Cómo pretender gobernar un estado cuando se ha mentido sobre las bases mismas de la competencia profesional?. El daño a su imagen es irreparable de aquí al 2026, cuando Morena seleccione a su candidato o candidata para el gobierno tlaxcalteca; Rodríguez Zamora arrastrará esta mancha como una losa.
Su silencio no hace más que amplificar las dudas: ¿acaso teme que cualquier declaración revele más irregularidades? ¿O es que, en su desesperación, prefiere culpar a fantasmas ajenos por un desastre que ella misma ocasionó?
Lo más patético de este episodio, es la burda campaña de control de daños que Rodríguez Zamora ha emprendido en su desesperación, dando manotazos mediáticos y buscando culpables a su desgracia.
Primero, tras las publicaciones sobre un delicado problema en el Senado de la República, en donde estuvo involucrada una ex colaboradora de la senadora tlaxcalteca Ana Lilia Rivera, la secretaria federal optó por inundar medios afines, con notas pagadas, “fuego amigo”, para tratar de desacreditar a la que se considera hasta ahora la aspirante con mayores posibilidades de llegar a la gubernatura en el 2027.
Para operar su «campañita», todo parece indicar que la restaurantera dedicada al turismo, no actuó sola, tuvo una “ayudita” desde las oficinas del Gobierno del Estado, de Avenida Juárez No. 16, en la capital del Estado.
Segundo, con la misma burda estrategia en los medios locales, Rodríguez Zamora se dio a la terea de difundir información que la pintan como una de las «mujeres con mayor influencia» en México. Una estrategia ridícula y contraproducente, que busca contrarrestar la avalancha de información en prensa y redes sociales sobre sus estudios falsos.
En lugar de enfrentar las acusaciones con hechos y dando la cara explicando por qué su maestría y diplomado no aparecen en los registros oficiales de la SEP, ni en por qué presentó una síntesis de su trayectoria falsa en el sitio del Gobierno de México, se refugia en propaganda vulgar.
Esta táctica de desaparecer de la escena en la entidad, agrava su situación: ¿quién creerá en su «influencia» cuando su credibilidad está en ruinas? Desesperada por hallar culpables externos, ignora que el origen de su caída es su propia mentira, un engaño que ha herido la confianza en el gobierno y decepcionado al pueblo de Tlaxcala.
Contrasta drásticamente con el enfoque de la senadora Ana Lilia Rivera, quien, a pesar de que el caso del Senado ya es agua pasada, ha salido a diversos medios a exponer su versión de los hechos. Rivera ha aclarado el problema causado por su ex colaboradora, cesada e investigada junto con otros empleados, deslindando responsabilidades y anunciando posibles acciones legales. Rodríguez Zamora cierra la boca y esconde la cabeza, dejando que el silencio hable por ella. Evita los reflectores nacionales y locales, optando por el ostracismo autoimpuesto. Tiene miedo y no tiene defensa posible ante la evidencia.
Y no podemos obviar los silencios cómplices del rector de la Universidad del Valle de Tlaxcala, Miguel García Méndez Salazar. Ante las irregularidades expuestas, su mutismo nos hace pensar lo peor. La investigación de e-consulta Tlaxcala ha desnudado esta farsa, y la ausencia de respuesta del rector sugiere, al menos, una omisión institucional grave. El secretario de Educación Pública del Estado, Homero Meneses, tampoco ha dicho “esta boca es mía”, y haya ordenado una investigación inmediata a la UVT para, en su caso, aplicar las disposiciones por violentar las leyes y reglamentos educativos.
El mutismo de la secretaria de Turismo federal, del titular de la SEPE-USET y del Rector de la UVT, no solo validan las evidencias presentadas, sino que erosiona la fe en nuestras instituciones educativas y políticas.
En última instancia, el caso de Josefina Rodríguez Zamora es un recordatorio crudo de que el poder no absuelve la deshonestidad. Su silencio culposo otorga verdad a las mentiras reveladas. Si aspira a más, que empiece por aclarar esto: el pueblo no olvida, ni perdona, a quien calla cuando debe hablar.
¿»O Usted qué opina”?.
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