De qué sirve que digan una y otra vez que Tlaxcala es el estado más seguro del país.

 

 

Para qué dar a conocer operativos y estrategias para blindar al estado si los criminales entran y salen cuando quieran.

 

Qué beneficio, ayuda o tranquilidad ha dejado a los tlaxcaltecas la absurda cantaleta de negar la presencia y la existencia del crimen organizado.

 

La realidad es dura, pero la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la Fiscalía General de Justicia del Estado, la Guardia Nacional, la Marina y el Ejército están rebasados en Tlaxcala.

 

La estrategia de seguridad es un fracaso y hoy lo que impera entre la población es temor, miedo y una enorme intranquilidad que se percibe en cada hogar y en cada familia de Tlaxcala que percibe y se entera de crímenes atroces producto de una alarmante impunidad con que operan y se mueven bandas organizadas de delincuentes.

 

Han pasado casi cuatro años de gobierno de la actual administración y siete secretarios de Seguridad Ciudadana, sin que en ese tiempo se haya podido detener a un solo criminal que ha utilizado a Tlaxcala como un tiradero de cadáveres.

 

El hallazgo de seis cabezas humanas con una narcomanta que contenía un mensaje amenazante de «La Barredora» a un costado de la carretera que comunica a Ixtacuixtla con Atotonilco, casi en los límites con el vecino estado de Puebla, es la mejor prueba de la desquiciante impunidad que hay para que los criminales hagan de las suyas sin enfrentar ninguna consecuencia legal.

 

Son decenas de casos donde delincuentes han entrado a Tlaxcala para tirar cuerpos y escapar tranquilamente, como si la policía estatal y el moderno equipo de video vigilancia fueran incapaces de detectar su presencia, como si se tratara de fantasmas.

 

Lamentablemente esa actividad criminal evidencia claramente que el crimen organizado llegó para quedarse en la entidad.

 

Dudo que las autoridades tlaxcaltecas vayan a salir en esta ocasión con su trillado discurso de que no hay crimen organizado en la entidad, porque está claro que para ejecutar a seis personas, cortarles la cabeza y trasladar sus restos al municipio de Ixtacuixtla implicó la colaboración de varias personas que se coordinaron para llevar a cabo esa cruel e inhumana acción.

 

Nunca en la historia de Tlaxcala había pasado un hecho de tal naturaleza. El caso impactó y alteró la de por sí la vacilante tranquilidad y paz social del estado, situación que está representando un durísimo golpe a la credibilidad del gobierno lorenista que en cuatro años ha sido incapaz de generar condiciones de seguridad aceptables y reconocidas por los ciudadanos y ciudadanas, que al contrario, hoy se muestran decepcionadas y lo expresan en la reprobación del quehacer de la mandataria Lorena Cuéllar Cisneros y de sus colaboradores como los secretarios de Gobierno y Seguridad Ciudadana, el morelense Luis Antonio Ramírez Hernández y el marino Alberto Martín Perea Marrufo, respectivamente.

 

Pensar en un cambio de funcionarios o de estrategia en materia de seguridad es mucho pedir, porque incluso las pocas voces críticas que había hacia la actual administración se han ido desdibujando o callando ante la necedad y los oídos sordos que ha mostrado el gobierno estatal que, por lo que se percibe, sigue creyendo que su trabajo está resultando lo mejor para Tlaxcala, cuando sencillamente no es así.

 

Y qué mejor prueba es lo que está pasando en estos momentos en la entidad y los escándalos que no dejan de dañar la imagen del gobierno morenista.

 

O usted amable lector qué piensa.

 

La Magdalena Tlaltelulco: Un Cambio de Rumbo

 

En un giro notable, la administración de Rocío Meléndez Pluma ha logrado revertir la tendencia de desfalco y mala gestión financiera que aquejaba a La Magdalena Tlaltelulco. La cuenta pública de la actual administración ha sido destacada como una de las diez mejores en el estado, lo que refleja un cambio significativo en la forma en que se aplican los recursos.

 

El legado de la administración anterior, marcada por un desfalco de más de 45 millones de pesos y siete demandas por posible daño patrimonial, parecía un obstáculo insuperable, sin embargo, la actual gestión ha demostrado que es posible cambiar el rumbo y trabajar hacia un futuro más próspero para los habitantes.

 

La disciplina financiera y la transparencia han sido clave en este proceso de cambio. En menos de un año, la administración de Rocío Meléndez Pluma ha logrado sanear las finanzas del municipio y sentar las bases para un desarrollo. Bien por la alcaldesa.

 

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