Resulta necesario y casi hasta obligatorio hacer este ejercicio a fin de hacer un balance de la sucesión gubernamental en Tlaxcala, con el propósito de conocer los saldos positivos y los negativos, así como los pasivos que ha dejado la carrera por la sucesión.

 

 

Emulando al ex presidente de México, el panista Felipe Calderón Hinojosa, la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, recurriendo al famoso «haiga sido como haiga sido», logró meter a la competencia real por la candidatura a su delfín, el ex alcalde capitalino Alfonso Sánchez García, quien de estar por los suelos en las preferencias entre los tlaxcaltecas, curiosamente hoy ya goza de posicionamiento y respaldo entre los ciudadanos.

 

La forma y el método, es decir, el uso de presuntos recursos públicos y de la estructura gubernamental del estado y los municipios sirvió y consiguió su objetivo. No estoy diciendo que fue correcto y que esas conductas de haber existido son legales y válidas, pero es innegable que las autoridades electorales no sólo las permitieron y toleraron, sino que las aceptaron sin que se atrevieran a sacar alguna tarjetas amarilla por no decir que se merecían la roja, hablando en términos futboleros que hoy está de moda entre los tlaxcaltecas.

 

Sería injusto no reconocer la enorme operación política que la mandataria Cuéllar se puso en los hombros para tratar de dejar sucesor. Hasta ahora su proyecto sigue avanzando y Alfonso Sánchez le debe todo a la gobernadora.

 

Ahora, su principal reto será conseguir el aval y la venia, no del pueblo como Morena pretende justificar la imposición de sus candidatos y candidatas a los diferentes puestos de elección popular, sino de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, quien digan lo que digan será la que finalmente palomeará la lista de los 17 abanderados oficialistas a igual número de gubernaturas que se disputarán en los comicios del 2027.

 

Alfonso Sánchez, ya sin el cargo de presidente municipal de Tlaxcala, depende en su totalidad de la gobernadora Lorena Cuéllar. El hijo del ex mandatario Alfonso Sánchez Anaya es un aspirante sin capital político propio y por eso seguirá girando en la órbita del lorenismo, tal y como la mañana de ayer quedó demostrado en la concentración del zócalo de la ciudad, la cual encabezó su madrina e impulsora.

 

En esa marcha disque de defensa a la soberanía, pues en realidad se hizo para arropar al delfín Alfonso Sánchez, estuvo la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora, quien antes de llegar al templete se desapareció del contingente, evidenciando que le da pena reconocer el respaldo que supuestamente otorga al grupo lorenista.

 

Pero para el grupo contrario al lorenismo, el que dirige la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, las piezas del juego sucesorio se le han ido acomodando. No ha dejado de liderar las encuestas sobre preferencias para conseguir la nominación a la gubernatura y tampoco se ha mostrado indisciplinada o conflictiva al interior de Morena, pese a que ha sido víctima de campañas negras y de una evidente competencia desleal.

 

La oriunda de Calpulalpan reforzó sus alianzas con políticos nacionales -cercanos a la presidenta Claudia Sheinbaum como Laura Itzel Castillo Juárez, Alfonso Ramírez Cuéllar, Jesús Ramírez Cuevas, entre otros – y nunca eliminó la operación a ras de tierra en los 60 municipios de Tlaxcala. Varios grupos locales se han sumado a su proyecto y supo captar el voto de castigo y de hartazgo de los ciudadanos y las ciudadanas hacia la mandataria Cuéllar, situación que la ha ayudado a crecer en simpatías.

 

Quizá Ana Lilia Rivera es la política inmersa en la sucesión que más veces ha hablado con la presidenta Sheinbaum. Es la única de las aspirantes que goza de protección por parte del gobierno federal, debido a ciertos hechos registrados y que llevaron a brindarle seguridad.

 

Sin gastos ostentosos y sin poderosos patrocinadores, la senadora Rivera ha seguido al pie de la letra el manual de cómo ser candidato del ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, por lo que hoy puede presumir que, pese a quien le pese, está en la final de la carrera de la sucesión en Tlaxcala.

 

Al igual que Lorena Cuéllar, la senadora mostró fuerza y capacidad de movilización durante su informe legislativo que se realizó al medio día de ayer en la capital.

 

Hábil, Ana Lilia Rivera aprovechó el escenario para hacer un llamado a la unidad a la actual mandataria Cuéllar Cisneros. Lo hizo ante cientos de testigos que podrán jurar que la senadora le extendió la mano a la mujer que hoy detenta el poder en el estado y que para muchos ha mostrado un desprecio a las aspiraciones de la legisladora federal.

 

Un saldo negativo que arroja este primer corte de la sucesión es la salida de la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora, quien ya confirmó que no se registrará en el proceso interno de Morena y que su sueño de convertirse en gobernadora duró muy poco.

 

Otro punto es que otros aspirantes arrancarán su campaña en franca desventaja, de ahí que exista la idea de que buscan participar en el proceso para obtener un premio de consolación y seguir vigentes políticamente hablando.

 

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