La nostalgia de dejar el poder es un efecto natural y humano que a todos los gobernantes les da.

 

 

En el caso de la actual mandataria, Lorena Cuéllar Cisneros, ya son evidentes y visibles. Recientemente en un evento público la emoción se apoderó de ella y aparecieron lágrimas cuando habló que su administración ha atendido y ayudado como nunca a los tlaxcaltecas con discapacidad.

 

En privado también ha empezado a dar señales de lo complicado que será dejar el poder. El pasado viernes durante la reunión a puerta cerrada que sostuvo con los miembros de su gabinete legal y ampliado, la mandataria exhortó aquellos que quieran buscar un cargo público y que ya andan distraídos echando grilla a que dejen sus cargos, porque ella requiere funcionarios concentrados y entregados no sólo para concretar lo que se viene realizando, sino para atender y llevar a cabo más acciones de su gobierno que pretende tener un cierre importante.

 

Las palabras de Lorena Cuéllar fueron claras y provocaron un silencio sepulcral. Nadie dijo nada ni mostró su altivez con la que suelen mostrarse en su zona de confort o en reuniones de trabajo, donde siempre alardean que unos serán legisladores locales o federales o que otros se convertirán en presidentes municipales o que se mantendrán en la nómina dorada porque apoyan el proyecto de la continuidad del lorenismo.

 

La realidad es que la melancolía por dejar el poder se adelantó muchos meses, lo que para algunos resulta negativo porque el lorenismo empieza a dar muestras de debilitamiento, mientras que para otros es positivo porque permitirá a la gobernadora conectar nuevamente con los tlaxcaltecas y tener un cierre de administración sin tantos altibajos.

 

Lo cierto es que Lorena Cuéllar ya empezó a tomar decisiones para redirigir su gobierno y planear el fin de su sexenio. El viernes despidió a Octavio Ortega Velio Mejía de la Coordinación General de Comunicación y este día presentará a su relevo que para fortuna de Tlaxcala no es otro foráneo, sino de un tlaxcalteca que le gusta el reflector y ser protagonista.

 

DE no existir algún cambio, hoy se dará a conocer que se trata ni más ni menos que del ex secretario de Cultura del actual gobierno, Antonio Martínez Velázquez, quien en julio del año pasado presumió que era el primer tlaxcalteca llamado a integrarse al equipo de transición de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, como subsecretario de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones.

 

Y por lo que se observa, también fue el primer tlaxcalteca en ser dado de baja del gobierno federal y en regresar a un cargo de coordinador y no de secretario como lo tenía. Aunque él diga lo contrario, porque en la semana pasada se le vio caminando por museos y algunas oficinas públicas donde sin empacho aseguraba que ante las súplicas que recibió de Lorena Cuéllar para ayudarla a resolver la crisis que su administración enfrenta desde hace meses con los medios de comunicación, regresará al gabinete para relanzar la imagen de la mandataria.

 

Por esa razón ya se montó para este día todo un show. Muy temprano Antonio Martínez será presentado ante los miembros del gabinete legal como la gran solución a la crisis de comunicación para después hacerlo ante los medios y la opinión pública, como si se tratara de un espectáculo para conocer a la reina de la feria de Tlaxcala.

 

Será cuestión de unas semanas para verificar si el cambio resultará efectivo o si la crisis se agrava por el delicado estilo del nuevo vocero.

 

Veremos qué pasa.

 

Siempre sí prevalece la impunidad

 

El pasado fin de semana, los tres detenidos en la comunidad de San Bartolomé Cuahuixmatlac del municipio de Chiautempan, mismos que estuvieron a punto de ser linchados por los vecinos al ubicarlos en el momento de cometer un robo, fueron liberados por la torpeza del agente del Ministerio Público.

 

La víctima que desde el viernes intentó presentar la denuncia contra esos ladrones, recibió no sólo mal trato, sino un desinterés del personal de la Fiscalía General de Justicia de Tlaxcala para atender su caso.

 

El agente del Ministerio Público lejos de mostrar una actitud profesional, se dedicó a buscar excusas y pretextos para no proceder contra ese trío de hombres. No hay elementos. Fue una tentativa de asalto porque no se consumó. No hay denuncia ni señalamientos concretos, expresaba para desanimar y esperar que se cumpliera el plazo que marca la ley para dejar libres a esos ladrones que sólo estuvieron “arrestados” en las instalaciones de la Fiscalía y que provocaron una intensa movilización policiaca.

 

El gobierno de Tlaxcala y la FGJE volvieron a fallar y el pueblo lo sabe.

 

No descarte que la próxima vez que se registre una detención de criminales por los vecinos de esa comunidad se consuma el linchamiento, porque al final ya vieron que las autoridades optan por dar todas las facilidades a los rateros para que queden libres y sigan operando impunemente en Tlaxcala.

 

Al tiempo.

 

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