Tuvieron que contabilizarse más de una decena de asesinatos y que se prolongara la ola de violencia que vive la entidad tlaxcalteca, para que el inútil y torpe secretario de Seguridad Ciudadana, Alberto Martín Perea Marrufo, saliera a declarar que algunos casos están relacionados con bandas locales que se están acribillando entre ellas.

Perea Marrufo no sólo es el peor secretario de Seguridad de Tlaxcala de los últimos años y de anteriores administraciones, sino tal vez de la historia de la entidad, pues no sólo es el que más ejecutados y cuerpos abandonados acumula en casi dos años que lleva en el cargo, sino que sus credenciales pomposas de ser miembro de la Marina resultaron un fiasco.
Tan sólo en el primer semestre de este año las cifras oficiales hablan de 95 homicidios dolosos. Lo que indicaría que cada mes de este 2025 se llevaron a cabo el asesinato de 15 personas, es decir, un día sí y un día no.
La ola de violencia en Tlaxcala está imparable y para muestra está el arranque del mes de julio que no ha parado de dejar víctimas mortales a lo largo y ancho de la entidad, destacándose municipios como El Carmen Tequexquitla, Mazatecochco, Tenancingo, Tetla de la Solidaridad, Nopalucan y otros más.
El tema de la inseguridad se ha venido agravando y lo anterior ya afecta la gobernabilidad y la tranquilidad de los tlaxcaltecas que ya no se sienten seguros en ningún lugar, porque con tristeza y preocupación se puede constatar que suceden asesinatos a cualquier hora del día y que la autoridad es incapaz de detener y castigar a los responsables de estos atroces hechos.
De qué sirve que Alberto Perea niegue la presencia del crimen organizado y hoy se justifique que la ola de asesinatos de los últimos días es por presuntos problemas entre bandas locales, mismas que se encuentran supuestamente detectadas, sí sencillamente no puede garantizar la seguridad de los ciudadanos y tampoco hacen algo nada para evitar que se registren estos arteros asesinatos que ya alteraron la tranquilidad de Tlaxcala.
Si se hiciera un balance y una revisión de las cifras oficiales y no oficiales, a lo mejor encontraríamos que la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Tlaxcala operaba y entrega mejores resultados cuando estaba en manos de policías de carrera o de miembros del Ejército, porque ahora que los mandos de esa dependencia se encuentran bajo la responsabilidad de integrantes de la Marian, los logros no se ven ni se perciben, pero en cambio sí se nota la corrupción, la escasez o falta de inteligencia y el valemadrismo que impera para detener a los delincuentes.
O dígame que se requiere o se necesita para detener a las bandas locales que ya se tienen detectadas como lo declaró primeramente el ineficiente Alberto Martín Perea y que unos minutos después lo confirmara el secretario de Gobierno de Tlaxcala, Luis Antonio Ramírez Hernández, quien sostuvo que las autoridades tienen identificadas a esas células criminales que, según él, intentan establecer en la entidad.
Si están detectadas e identificadas, entonces por qué no se anuncia su captura a través de un operativo coordinado entre la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la Fiscalía General de Justicia del Estado, así como la Marina y la Guardia Nacional.
Me parece que la línea discursiva del gobierno del estado para abordar y enfrentar el problema de la seguridad sigue siendo equivocada, errónea, superficial y sin un objetivo claro, porque los funcionarios declaran sólo por declarar sin dar resultados de acciones concretas.
Y un buen ejemplo de lo anterior, es el caso de los tres jóvenes que perdieron la vida en un hotel del municipio de Tetla de la Solidaridad por una supuesta intoxicación por gas butano, pues para vender o tratar de verse efectivos, el secretario de Gobierno declaró que después de casi cuatro años en el gobierno ahora buscarán regular la operación de hoteles y moteles a fin de verificar la identificación de quiénes ingresan, evitar la renta de cuartos a menores de edad e impedir que esos lugares sean utilizados por delincuentes para vender drogas.
O sea que si la tragedia del sábado por la noche no hubiera ocurrido, los hoteles y moteles seguirán ofreciendo su servicio como hasta ahora, sin “controles ni reglas”, como lo dio a entender durante una entrevista Luis Antonio Ramírez.
El gobierno lorenista no ha podido superar el problema de la inseguridad que lamentablemente sigue opacando los logros y acciones de la actual administración estatal.
Duro, pero es la realidad.
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