Algo no está funcionando en Tlaxcala, porque aunque un número importante de ciudadanos habla de ciertas bandas criminales que operan impunemente en ciertos municipios y zonas de la entidad, al grado que sus líderes e integrantes están plenamente identificados, lo curioso es que ni las policías municipales, estatal o los elementos de la Policía de Investigación de la Fiscalía General de Justicia los detiene.

Los Brujos tienen más de quince años operando en Apizaco y sus alrededores. Los colombianos también llevan tiempo haciendo de las suyas en una veintena de municipios. La banda de La Tuza sigue cometiendo fechorías en los alrededores de El Carmen Tequexquitla. Los huachicoleros nunca han dejado de chupar ductos para robar gasolina y gas en la zona de Ixtacuixtla y Calpulalpan.
Y no son las únicas bandas que están en la entidad, pues hay otras que también tienen presencia y que estarán relacionadas con la trata, venta de drogas y el tráfico de personas, mismas que ya se han dejado sentir en municipios como San Pablo del Monte y Ayometla, sólo por mencionar dos poblaciones en donde sus habitantes se encuentran temerosos por su presencia.
Lo delicado del asunto de la operación de grupos criminales, es que éstos están siendo reconocidos y señalados por autoridades de otras entidades, como es el caso de Oaxaca donde los secretarios de Gobierno y de Seguridad y Protección Ciudadana, José de Jesús Romero López e Iván García Álvarez, respectivamente, revelaron que los jóvenes tlaxcaltecas desaparecidos y asesinados en Huatulco, estarían relacionados a una banda dedicada al robo de cuentahabientes, saqueo de cajeros automáticos, atracos en centros comerciales, extorsión, secuestro y narcomenudeo.
Según las investigaciones, los tlaxcaltecas que pertenecían a esa organización de maleantes operaban en Tlaxcala, Puebla, Oaxaca, Veracruz.
Lo curioso es que en Tlaxcala sí se sabía de ellos, es decir, donde cometen sus atracos y en donde se escondían, sin embargo nadie ha explicado por qué no se procedió en su contra y por qué andaban libres.
Hay versiones que señalan que esa banda tenía una buena relación con una juez municipal y con varios elementos y mandos de la policía municipal de Apizaco y estatal, lo que les facilitaba llevar a cabo sus actividades ilícitas sin riesgo de ser detenidos.
Sin duda la versión y los señalamientos de las autoridades oaxaqueñas dejan mal paradas a la policía estatal de Tlaxcala y a la Fiscalía General de Justicia, toda vez que sus acusaciones son directas y evidencian que en la entidad no se hizo nada para detener a los integrantes de esa banda que encontraron un trágico final en Huatulco.
Es obvio que el proceder de las autoridades tlaxcaltecas está generado sospechas, porque tuvieron que pasar muchos años para detener el pasado 20 de febrero a Geovanni N., alias «El Trompas», líder de Los Brujos, sobre quien pesaban decenas de denuncias por diferentes delitos, entre ellos, un presunto homicidio.
La presencia y operación de bandas criminales es una lamentable realidad para Tlaxcala. Por ejemplo, en Apizaco no pasa un día que no se reporte un robo armado y la presencia de malandros en diferentes negocios para intimidar y pretender “cobrar piso”.
La inseguridad sigue siendo en la ciudad rielera y en la entidad un problema y hasta ahora las autoridades municipales, estatales y federales no han podido bajar o controlar. Sencillamente la percepción ciudadana sobre esta grave complicación no mejora aunque los datos oficiales digan lo contrario.
Lo que es una dura realidad es que cada vez los ciudadanos denuncian menos, porque saben que las autoridades no están dando resultados.
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