Morena carece en Tlaxcala de un verdadero operador político que controle el andamiaje del partido y construya los puentes para lograr la unidad que pende de alfileres.

 

 

La lucha por la candidatura al gobierno del estado se encuentra más que polarizada por la abierta disputa que existe entre la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros y su delfín Alfonso Sánchez García contra la aspirante a la nominación oficial del partido guinda, Ana Lilia Rivera Rivera, quien está respaldada por el senador y ex gobernador del estado, José Antonio Álvarez Lima.

 

La dirigencia estatal de Morena en manos de Marcela González Castillo resulta inservible e inoperante, porque al trabajar para su esposo el ex alcalde capitalino Alfonso Sánchez, dejó de tener credibilidad y confianza.

 

El sesgo y favoritismo de la ex diputada local sólo acentuó la división de opiniones en torno al trabajo de la dirigencia estatal, al grado que han contribuido a las rupturas internas que se registran en ese instituto político, las cuales cada vez son más evidentes y notables.

 

Si Marcela González presentó el pasado 17 de junio se renuncia con carácter irrevocable a la presidencia del Comité Ejecutivo Estatal de Morena, por qué sigue ejerciendo el cargo cuando es obvio que continúa utilizando su posición, su influencia y el poder que le otorga la mandataria Cuéllar para apuntalar las aspiraciones de su marido.

 

Su gran trabajo consiste en organizar una reunión a la que asistieron los demás integrantes de la dirigencia estatal para prender la vela de un pastel y celebrar el doceavo aniversario de la fundación de Morena en México, hecho que se difundió ampliamente en redes sociales como si se tratara de una gran noticia.

 

La ausencia de un liderazgo morenista, local o nacional que ponga orden en el proceso interno de Morena y fomente la unidad del partido le puede salir muy caro al instituto político que fundó Andrés Manuel López Obrador, porque lo que está creciendo y avanzando en la carrera por la sucesión es la confrontación que, de mantenerse, se traducirá en una significativa e inevitable fractura porque los lorenistas no se sumarán a los riveristas en caso de no lograr la candidatura al gobierno de Tlaxcala y los seguidores de la senadora con licencia tampoco darán su apoyo si es que la designación no le favorece.

 

La limpia de lorenistas continúa en la actual administración estatal. Están siendo despedidos los que supuestamente simularon respaldar al delfín Alfonso Sánchez o aquellos que traicionaron el proyecto.

 

Tan es así que trascendió que esta semana le guillotina llegó al Conalep, donde ocho cercanos colaboradores del director general, Darwin Pérez y Pérez, habrían sido cesados, hecho que se habría dado tras la difusión una foto en la que aparece el papá del funcionario lorenista alzándole el brazo a Ana Lilia Rivera en una de sus asambleas informativas.

 

El miedo que algunos ex lorenistas tenían para mostrar su rechazo al delfín y a las órdenes de Lorena Cuéllar poco a poco está desapareciendo y los ex colaboradores y ex aliados de la mandataria se han empezado a quitar la máscara que conservaron por muchos meses y hasta años.

 

Por ejemplo, Juan Morales Pluma decidió abrir las puertas de su hotel Xiadani a una organización campesina que ofreció una rueda de prensa donde sin tapujos dio su respaldo a Ana Lilia Rivera. Lo anterior no tendría nada de raro, pero el hecho si llama la atención porque ese lugar se consideró por muchos años uno de los bunkers donde operó la actual gobernadora para lograr su objetivo de conseguir el poder.

 

Otro caso es el de Omar Cuatianquiz Ávila ex director de Planeación Educativa de la Secretaría de Educación Pública de Tlaxcala, quien reveló que la organización Humanismo Mexicano que creó y auspicio el titular de la dependencia, Homero Meneses Hernández, se decantó por el proyecto de Rivera.

 

A través de sus redes sociales, ese ex funcionario estatal subió una imagen donde se aprecia el sticker que usó Homero Meneses para promoverse como aspirante morenista a la candidatura del gobierno de Tlaxcala, mismo que después lo reservó cuando la mandataria le ordenó que abandonara su proselitismo y se limitara en cobrar como funcionario.

 

El lorenismo se está desmoronando y es un hecho que no todos los que conformaron ese grupo político están de acuerdo en que se logre la continuidad a través de Alfonso Sánchez, quien aunque sigue haciendo su lucha y recorriendo los municipios tlaxcaltecas para sumar más apoyos a su proyecto, lo real es que le ha fallado la operación interna y los acuerdos con ciertos liderazgos que, al sentirse excluidos, están buscando otras oportunidades donde se les permita estar vigentes políticamente hablando.

 

La sucesión en Tlaxcala tiene un tufo de fractura.

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