Entre el conflicto que vive Zacatelco, el antecedente de corrupción en el sector salud y el acuerdo con Nueva Alianza, para contender en el tercer distrito como apuesta del tricolor, cobra fuerza la acometida del ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya, a través de Rafael Molina Jiménez.


Es una pena atestiguar el caos en Zacatelco, un municipio gobernado por la priísta Blanca Águila Lima, cuyas lealtad e incondicionalidad al gobernador se fueron deteriorando desde el mismo inicio de la administración estatal.

La intervención de grupos liderados por profesionales del desorden exhibe la malquerencia entre los otrora aliados: Blanca Águila respaldada por las dirigencias nacionales de los sindicatos de la Secretaría de Salud y, de los trabajadores al servicio del estado, y el marianismo, cuyo comandante desconoció de origen los acuerdos tomados para contar con el apoyo de los primeros.

Resulta que Mariano negó la secretaría de Salud al grupo de la enfermera que, le tenía reservado el lugar a Daniel Romero. A este, como premio de consolación le tocó la dirección del Hospital Infantil de Tlaxcala, donde el sueldo superior a 100 mil pesos mensuales enervó al gobernador, quien reprobó el activismo del galeno blanquista, y le exigió su renuncia.

Romero resultaba un obstáculo para el negocio que hoy sería el HIT, en manos del grupo de médicos dueños del Hospital Central de Apizaco. Hoy no hay quien cuestione adquisiciones, servicios y tráfico entre ambos.

Simultáneo al conflicto en el HIT, la figura de Águila Lima crecía como apuesta de las mencionadas dirigencias gremiales y también de Beatriz Paredes, para ser la candidata del tricolor a diputada federal por el tercer distrito electoral.

Como la guerra de Mariano contra el grupo de Águila apenas comenzaba, sobrevino el terror a su ayuntamiento. La gota que derramó el vaso fue el despido que la alcaldesa decidió sobre la directora de Obras Públicas de su administración, sobrina del tristemente célebre Rubén Darío Domínguez, quien acudió al gobernador para quejarse por el desplazamiento de su familiar.

Pero González Zarur nunca lo recibió. Entonces este actuó motu proprio. Convocó a sus viejos compañeros del movimiento social y comenzó una etapa de chantaje, con ciertos espacios conseguidos, pero sin un límite marcado, hasta hoy en que los empujones, macanazos y gases lacrimógenos acabaron con el poco cartel de la alcaldesa, a quien le quedó claro el poder destructivo de, “su amigo” el gobernador, quien un poco impulsó a Rubén Darío y otro poco lo dejó crecer en sus intentos desestabilizadores del municipio.

Habría otra causa en el fuego amigo desatado por el ejecutivo tlaxcalteca. Su nulo interés por impulsar a su propio partido en el distrito electoral al que pertenece Zacatelco. Acuerdos con el Partido Nueva Alianza, reservan esa candidatura para la dirigencia del SNTE y, como el arribo del magisterio a esa curul es lo que menos le interesa, entonces optó por impulsar la figura del perredista Rafael Molina Jiménez, ex alcalde de Totolac y miembro del equipo del ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya.

El compromiso con este consiste en retribuir el esfuerzo del legislador por su gestión ante instancias federales para inyectar recursos al sector Comunicaciones y Transportes. Aunque la propuesta del ex mandatario está sujeta a la aprobación presupuestal en el Congreso de la Unión, la estructura en dicha área, encabezada por la también perredista e incondicional Gisela Santacruz Santacruz, se encuentra lista para administrar la potencial riqueza, claro, para respaldar la campaña de Andrés Manuel López Obrador, cuyo operador en Tlaxcala es el ex gobernador Sánchez Anaya.

Aquí los nombres de Ricardo García Portilla, de la propia Blanca Águila Lima y del secretario de Gobierno Noé Rodríguez Roldán, como aspirantes a la candidatura, significan el fracaso adelantado del tricolor en la demarcación electoral donde la verdadera competencia parece que se dará entre el PANAL, el PRD y el PAN, es decir entre José Carmen Corona Pérez –dirigente de la sección 31 del SENTE, Rafael Molina Jiménez y Edilberto Sánchez Delgadillo –apuesta del otro ex gobernador, Héctor Ortiz Ortiz.

El desdeñoso primer informe de labores

Tras el rotundo fracaso de la iniciativa para reformar la Constitución local, por cuanto fechas de entrega del informe de labores del gobierno estatal, el mandatario Mariano González Zarur, decidió enviar el documento al Poder Legislativo, a través de Marco Antonio Díaz Díaz, uno de los funcionarios de medio o un tercio de cuño de su administración.

Curioso, pero el propio presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, Silvestre Velázquez Guevara, se encargó de devolver el bodrio de iniciativa, no solo con marcados errores en fechas –sumaba un año de gobierno, quizás el error más ridículo de sus artífices- sino que pasaba por alto el tiempo y convocatoria requeridos para que la mayoría de ayuntamientos recibiesen la iniciativa, la analizaran en Cabildo y la aprobaran.

El propio legislador se encargó de recibir en el Congreso al mediano enviado marianista, con el primer informe de labores, por cierto elaborado por el mismo subordinado que pugna porque la instancia que encabeza sea elevada al rango de secretaría. Habrá que ver su contenido, pues se ha hecho recurrente la inconsistencia del sujeto de marras en los tantos líos en el esquema de ocurrencias del actual ejecutivo, en medio del innecesario desgaste tras obtener invariablemente malas notas ante juzgados locales y federales.

La otra razón de la visita de Beatriz Paredes a Tlaxcala

Testigos de la parálisis en la que se encuentra la entidad, diputados federales con participación en el Parlamento Europeo, encabezados por la ex gobernadora de nuestra entidad, estuvieron aquí la semana pasada para analizar el escaso logro de la administración corriente y la posibilidad de atraer algún tipo de inversión del viejo continente para sacar al buey de la barranca.

De ahí surge la llamada segunda activación industrial de Tlaxcala (la primera sería en el gobierno de Emilio Sánchez Piedras) toda vez que el campo es un desastre y los pobres se dan en maceta, no obstante las cuentas del gobierno con los recursos enviados por la federación.

La visita fue algo de lo más molesto para el anfitrión a fuerzas, ya que fue puesta en evidencia su inacción.

Falta mencionar lo peor

El sector industrial, única vocación susceptible de revivir en este preludio de los peores tiempos, se mantiene en crisis debido a una especie de veto aplicado por múltiples inversionistas de origen libanés, los mismos que el sexenio anterior mantuvieron sus capitales en tierras tlaxcaltecas.

Y aquí vale analizar las fobias entre los propios libaneses, claro ampliando el manto negativo a quien lleva el apellido Zarur y por ello causa ese voto de repulsión de sus paisanos.

Fue tan errática la política inicial para convocarlos que, encabezados por otro libanés: Jesús Luévano Escalona –ex secretario de Desarrollo Económico- aquellos ricachones levantaron sus canicas y se fueron a otras latitudes (a Puebla, por supuesto) con la advertencia de regresar a Tlaxcala hasta que su paisano haya puesto tierra de por medio, o sea dentro de cinco años.