Gobernadora se “afianza” en los últimos lugares con apenas un 8% de aprobación.

Comparativamente, el Gobernador de Chiapas, también de Morena, es el mejor con el 54.5 por ciento.
Quisiéramos siempre tener buenas noticias para los tlaxcaltecas en este espacio, pero la realidad nos supera a todos, ciudadanos y gobierno. En el caso que hoy analizamos la reflexión se centra en que “si le va mal en su trabajo a la gobernadora del Estado, le va muy mal a todos.”
Siempre he pensado que la gobernabilidad se mide con un buen trabajo y cumpliendo lo prometido, pero también se mide para desgracia de los habitantes de Tlaxcala, cuando se da por promesas rotas y desencantos ciudadanos.
Así, la mandataria de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, se mantiene incólume en el ignominioso top 5 de los peores gobernadores del país .
Según la más reciente EVALUACIÓN DE GUBERNATURAS DE OCTUBRE DE 2025, publicada por la Revista 32 y elaborada por Arias Consultores, su aprobación general no supera el mísero 8.0%, un porcentaje que roza el ridículo y que deja en evidencia el abismo entre el discurso oficial y la realidad palpable de una entidad sumida en el olvido y la ineficacia.
Con un 64.6% de desaprobación y apenas un 23.7% de aprobación efectiva, Cuéllar Cisneros ocupa el puesto 28 de 32 en el ranking nacional –un «avance» pírrrico de cuatro posiciones respecto al mes anterior, que no es sino un maquillaje superficial a un gobierno que se desmorona bajo su propio peso.
El gobierno de Cuéllar parce más un experimento fallido que un mandato que nos haya sacado de los grandes problemas que nos aquejan, porque es el reflejo de una administración que ha priorizado la autopromoción, el culto a su persona, por encima de las necesidades urgentes de los tlaxcaltecas.
El informe, basado en una metodología que Arias Consultores detalla como un estudio cuantitativo de corte transversal descriptivo, realizado mediante llamadas telefónicas a números fijos y móviles en todo el territorio nacional durante la segunda quincena de octubre de 2025, revela un incremento marginal del 2.5% en su aprobación respecto a septiembre (de 5.5% a 8.0%). La muestra, compuesta por 4,800 entrevistas directas a personas mayores de 18 años –distribuidas equitativamente entre los 32 estados, con 150 por entidad, 50% hombres y 50% mujeres, y ponderada por población adulta según datos del INEGI–, ofrece un margen de error del ±3% con un nivel de confianza del 95%.
Este enfoque, que mide la aprobación del desempeño gubernamental en rubros clave como seguridad, economía y servicios públicos, no solo valida los datos con rigor estadístico, sino que subraya la robustez de las conclusiones: el «progreso» de Cuéllar Cisneros es tan insignificante que huele a desesperación estadística más que a cambio real.
La respuesta a este resultado de aceptación menor al 10 por ciento, está en los rubros donde los ciudadanos encuestados la evalúan con mayor severidad, áreas en las que su gestión no solo falla, sino que agrava las carencias históricas de la entidad.
Para poner en perspectiva este debacle, basta comparar el estancamiento de Cuéllar Cisneros con el rotundo éxito de Eduardo Ramírez Aguilar, gobernador de Chiapas, quien encabeza el ranking con un impresionante 54.5% de aprobación –casi siete veces superior al de Tlaxcala y un salto de 6.8 puntos porcentuales en el mismo periodo–, gracias a una percepción positiva del 50.3% en condiciones económicas y empleo, así como en confianza en la inversión privada, pese a desafíos en turismo (27.9%) y salud (23.8%).
Este abismo no solo expone la incompetencia selectiva de Morena en Tlaxcala, sino que ridiculiza cualquier narrativa de «progreso» cuando un estado del sur transforma problemáticas en fortalezas, dejando a los tlaxcaltecas preguntándose por qué su líder no aprende de un modelo que multiplica por seis el respaldo ciudadano.
EL ANÁLISIS DE LA «PRINCIPAL PROBLEMÁTICA DE LA ENTIDAD» en el documento expone sin piedad las fisuras más profundas.En transporte público, un rubro esencial para la movilidad diaria de miles de familias humildes, la percepción ciudadana apenas alcanza el 0.2% de priorización como problema –lo que, en el contexto del informe, implica una aprobación implícitamente nula o desastrosa, ya que los tlaxcaltecas ni siquiera lo registran como una urgencia viable de solución bajo Cuéllar Cisneros.
Autobuses dignos, rutas accesibles: olvídense en un Estado donde el70 por ciento de la población depende de medios precarios, esta omisión es un crimen de negligencia que condena a la pobreza a quienes más lo necesitan.
No menos alarmante es el rubro de la corrupción, con un solo un 0.4% de mención como problemática prioritaria.
Aquí, la ironía es cruel: en un México azotado por escándalos, Tlaxcala bajo Cuéllar Cisneros parece haber normalizado la podredumbre hasta el punto de que los ciudadanos la ven como un mal inevitable, no como un escándalo combatible.
Esta baja visibilidad no es un triunfo, sino una condena: indica que la transparencia es un espejismo, y que los recursos públicos se evaporan en un limbo de impunidad que beneficia a unos pocos de su familia y del grupo en el poder, mientras el resto mendiga servicios básicos.
. ¿Dónde están las auditorías independientes? ¿Las rendiciones de cuentas? Enterradas, presumiblemente, bajo capas de retórica vacía, o se fueron en su funesta Cápsula del Tiempo.
La obra pública, ese termómetro infalible de la capacidad ejecutiva, tampoco escapa al fiasco: con un 3.9% de percepción como problema clave, este rubro revela una parálisis constructiva que deja a Tlaxcala estancada en el subdesarrollo.
Carreteras destrozadas, escuelas en ruinas y hospitales improvisados son el legado tangible de una gobernadora que prefiere publicar selfies en redes sociales antes que pavimentar caminos reales.
Comparado con el promedio nacional, donde la seguridad (29.2%) y los apoyos económicos (27.3%) dominan las preocupaciones, Tlaxcala parece un oasis invertido: un lugar donde los problemas son tan endémicos que ya ni se nombran, y donde la seguridad local (8.5%) palidece ante el caos nacional.
Estas cifras tan deprimentes son el grito silenciado de 1.3 millones de tlaxcaltecas que ven cómo su Estado, cuna de guerreros indomables, se convierte en sinónimo de resignación.
Mientras Cuéllar Cisneros se ufana de «logros» en foros partidistas, los rubros críticos como empleo (2.7%) y apoyos económicos (1.3%) confirman que la reactivación productiva es un mito. Ni el campo (0.0% de prioridad) ni el turismo reciben atención, dejando a un estado con potencial histórico pudriéndose en la irrelevancia. La salud y la educación, ausentes incluso de la tabla de problemáticas, no son sino la cereza en este pastel de desidia: ¿quién mide la aprobación de lo inexistente?
En el TOP 5 de los peores –compartiendo el sótano con los más notorios fracasos administrativos–, Lorena Cuéllar Cisneros no solo decepciona; traiciona.
Su gestión, con un 8% de aprobación, exige una rendición de cuentas inmediata, sería sano para ella ,pero sobre todo para Tlaxcala.
Los tlaxcaltecas merecen más que migajas estadísticas o informes de gobierno saturados de cifras alegres y mentirosas, como seguramente será el próximo; merecen un gobierno que priorice lo fundamental, que realmente erradique la corrupción enquistada y que construya obras que perduren porque forman parte de un plan de gobierno y de desarrollo, no de ocurrencias y basadas únicamente en el negocio.
De lo contrario, este mandato pasará a la historia no como un capítulo gris, sino como una página negra en los anales de México.
Nadie quiere esto para la tierra de Xicohténcatl, pero la perspectiva pinta muy mal.
A continuación, el estudio completo de Arias consultores:
https://revista32.mx/wp-content/uploads/2025/11/Evaluacion-Gubernaturas-Octubre-2025.pdf
Post Views: 4.549